martes, 30 de marzo de 2010

Los Lobos y Carneros del Castrismo

 

La atrocidades cometidas contra las Damas de Blanco y su grupo de apoyo en La Habana, durante este séptimo aniversario de la Primavera Negra, es una infamia que se viene repitiendo desde los primeros días de enero de 1959, porque para el régimen y sus partidarios las calles son de Fidel y las cárceles y la muerte  para los opositores.

El castrismo y sus métodos han sobrevivido en parte por la debilidad moral de un amplio sector de la sociedad, una mayoría silenciosa que aunque consciente de lo injusto y el fracaso del proyecto, acata sus mandatos o finge aceptarlos.

Entre ellos se encuentran los que prefieren no ver ni escuchar. Los que cumplen el oficio de sordos y ciegos. No importa lo que sucede en la casa vecina, lo que le ocurrió al amigo de la infancia, al compañero de trabajo o al familiar. No actúan en su contra, pueden hasta compadecerse, pero se distancian con un lapidario "se lo buscó".

Pero no hay dudas que la columna vertebral del despotismo insular son sus fuerzas armadas. Los cuerpos armados sirvieron en las guerras mercenarias, exportaron la subversión imperialista que patrocinó el castrismo por décadas y en su momento sustituyeron a las elites del ministerio del Interior, que en la opinión de muchos era el principal  sostén del régimen.  Ambas fuerzas se han complementado y el resultado han sido décadas de terror, miseria y opresión.

De esta ecuación no se pueden excluir los funcionarios. Los que implementan las políticas administrativas del gobierno, estructuran las relaciones internacionales en base al chantaje y el soborno, y la nomenclatura intelectual que  arropa con talento asalariado las acciones más vergonzosas de la jerarquía. Entre estos últimos se destacan los que integran el aparato de propaganda del régimen, periodistas, escritores y artistas, que con sus inventivas confunden e intimidan a una parte de la población y desinforman al mundo exterior.

También están los cómplices con rostros, los que respaldan la dictadura a sangre y fuego. Hacen el trabajo sucio. Atemorizan, usan la violencia. Represores de oficio. Esbirros de corazón. Imparten las órdenes e interpretan a la perfección la voluntad de sus superiores,  y si estas no llegan a tiempo, no dudan en aplicar la fuerza para la que están entrenados. Morder, desgarrar es su vocación de fe.

 

Pero lo que más repercute en el control absoluto de la sociedad cubana, por su capacidad de intimidación, son las turbas divinas de la opresión. Sin ser un pilar fundamental, atemorizan a los ciudadanos y ejercen influencia en la opinión pública mundial.  Ellos han asumido la doble moral como práctica de vida. En esa sumisión activa, gritan, predican, vejan y hasta matan para lograr sobrevivir sin rasguño alguno la opresión que también les agobia, continuando así  una existencia de corral que  les equipara a carneros, pero con colmillos de lobos.

Esos cómplices anónimos, esa multitud sin identidad, que cambia de sujetos según las circunstancias, la localidad y el tiempo, pero que siempre esta dispuesta a aplastar y destruir a todo aquel que defiende su derechos de vivir a su manera y de rendirle culto y obra a sus convicciones, son quienes visten al régimen con una legitimidad que no es genuina porque es consecuencia del miedo colectivo, de un oportunismo ramplón que concluye que es mejor ser victimario que victima. Aguantar a cualquier precio es su consigna, al igual que aquellos que no lo hagan, deben ser execrado porque rompen el equilibrio de la sumisión.

Esa masa anónima, de número variable, de rostros comunes, con el compromiso de hacer miserable la vida de los otros, es la carne, músculo y hueso del totalitarismo. Ellos son mas importantes para la imagen pública del régimen que el burócrata que administra, que los oficiales que comandan las tropas, coordinan la represión o dirigen una prisión. Sin ellos  no estarían Fidel y Raúl Castro, Ramiro Valdés o Ramón Machado Ventura.  Esa masa mezquina mata físyca y moralmente. Para ellos no hay fronteras en el abuso. Esa es la principal herencia del totalitarismo cubano.

 

Pedro Corzo








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domingo, 21 de marzo de 2010

CLAMOR DEL SILENCIO

 

 

 

La prisión es agobiante bajo cualquier gobierno, pero cuando se cumple cárcel en condiciones como las que caracterizan a un régimen como el cubano se transita en la angustia. El sistema es destructivo. La familia tiene que estar unida por lazos muy firmes para sobrevivir. Los amigos son reprimidos por las fuerzas policiales, e intimidados por las sociales.

 

El prisionero tiene que  poseer  unas reservas morales muy fuertes para  soportar el aislamiento, un virtual dejar de existir porque se hace real la vieja expresión de la muerte en vida. Las comunicaciones con el mundo exterior son escasas y controladas por las autoridades, y si a eso sumamos la censura sistemática a todo tipo de información,  se constituye un muro invisible que oprime hasta la asfixia.

 

Por lo anterior una huelga de hambre en una prisión totalitaria es una acción dramática que puede fácilmente concluir en tragedia. Una elección particularmente peligrosa en cualquier situación, es posiblemente catastrófica cuando tiene lugar en un estado donde no hay opinión pública, donde las denuncias al interior del país no pasan de ser un heroico susurro que vence el miedo que muchos comparten.

 

La solidaridad con el desafecto implica peligros. Represión, pérdida de empleos. Marginación. El respaldo a un huelguista implica cruzar la frontera y pasar al bando de los reprimidos, de los odiados.

 

El control de la información al interior del país es amplio y profundo. Se conoce solo lo que el gobierno quiere, se comenta en público lo que las autoridades permiten y la versión oficial, si es que existe de lo que ocurre, se sustenta en el descrédito del huelguista.

 

El mundo exterior por mucho tiempo no conocía lo que ocurría en las prisiones cubanas. En el presente la dictadura no puede esconder todos sus sucios secretos. El monopolio que ejerce sobre la información tiene fisuras,  y al fin las personas han empezado a ver y escuchar lo que ocurre en la isla de los hermanos Castro.

 

Una huelga de hambre bajo el castrismo tiene dimensiones  homéricas. Es un paso que puede ser fatal y definitivo en todos los ordenes: se puede morir, quedar invalido, lisiado de por vida o lo que es peor, perder el respeto de tus compañeros si dejas el calvario antes que se asuma una postura en común, o tus propios amigos te lo exijan.

 

Las huelgas de hambre son sin dudas un instrumento de protesta, una estrategia, una acción para llamar la atención, un reclamo de  respeto a tus derechos, un medio de presión para lograr un objetivo determinado, como dirían los militares, una táctica en la que no vas a usar todos tus recursos. El objetivo puede ser llamar la atención, lograr un propósito, consciente de que no debes empeñar la vida.

 

Sin embargo una huelga de hambre puede convertirse en el ultimo combate de la existencia por una decisión conciente que se puede tomar en el desarrollo de la misma, o simplemente porque tu cuerpo no soportó la fatiga de la batalla.

 

También hay quienes hacen una huelga de hambre con la intención precisa de echar la batalla final. De darlo todo por sus convicciones, Pedro Luis Boitel fue uno de ellos. En su última huelga no quiso informar a las autoridades. Escogió su manera de morir.

 

El heroísmo de Orlando Zapata Tamayo, su férrea voluntad, las muchas huelgas que realizó, también parecen indicar que escogió concientemente la ruta de la inmolación, del sacrificio supremo por sus ideales. El clamor de su cuerpo ha conmovido al mundo y ante esas convicciones no hay dictadura que valga, el individuo se impone al poder por grande que este sea.

 

Todo parece indicar que ellos y muchos otros partieron a la huelga consciente de que seria su final. Eligieron morir así. Fue su grito personal, un corajudo grito de silencio al sistema, un estoy preso pero aun así no has podido vencerme, aniquilarme, lo único que me queda son los huesos y la piel y los voy a dejar en esta vía por mi propia voluntad y sin tu intervención. Un acto de total y absoluta independencia.

 

Rechazar alimentos por un periodo corto de tiempo, dice Amado Rodríguez, 29 días en huelga de hambre, exige disciplina, concentración y la convicción suficiente para no ceder ante los reclamos del cuerpo, pero cuando la decisión se extiende y se suman los días y las debilidades, y solo queda el recurso de las fuerzas morales para enfrentar las demandas de una humanidad que se derrumba, es cuando en verdad el  huelguista se percata que tiene que nutrirse de su espíritu, viajar hasta los mas profundo de su ser para desgajarse de todo aquello que se ha vuelto lastre porque su objetivo en ese momento es  darse a la causa, transformarse en la luz que marcara el derrotero de los que podrán materializar los ideales.

 

Han sido muchas de 1959 a la fecha las huelgas de hambres que han realizado los presos en Cuba. Huelgas individuales y colectivas, como una en La Cabaña, 1968, en la que se involucraron mas de ochocientos prisioneros políticos.  Algunas huelgas incluían no beber agua, como la que relató el ya fallecido, Jorge Rodríguez Muro. Recuerdo todavía su relato, fue en la cárcel de Remedios, la desesperación de una sed de siete días, sin atención medica de ningún tipo,  que venció porque el enemigo satisfizo sus demandas.

 

El Dr. Alberto Fibla González, ex prisionero político cubano, que además de médico también participó en varias huelgas de hambre refiere en el libro Cuba y Castrismo Huelgas de Hambre en el Presidio Político, de José Antonio Albertini: "Una huelga de hambre es un proceso terrible. Un huelguista está agonizando después del vigésimo día sin ingerir alimentos. El hambre es insoportable. Comienza con esa sensación de vacío que todos conocemos. Más tarde, poco a poco, van faltando las fuerzas. La debilidad progresa y se adueña del cuerpo dolorosamente. Aparecen los vómitos que deshidratan, al mismo tiempo que se experimenta frialdad, palidez y sudoración pegajosa. La vista merma de día en día y se convierte en una nube que distorsiona paredes y rejas. Las piernas parecen despegarse del cuerpo. La continuidad del proceso fabrica un inválido de piernas rígidas e insensibles. La piel se va aplastando contra el hueso, como si fuera a fundirse con él. Esto que digo no es más que el preludio obligado que conduce, si la postura se mantiene, a una muerte lenta y angustiosa".

 

Es justo que citemos los al menos 12 prisioneros políticos cubanos que han perecido en huelgas de hambre: Roberto López Chávez, Luis Álvarez Ríos,  Francisco Aguirre Vidarrueta, Carmelo Cuadra Hernández, Pedro Luis Boitel,  Enrique García Cuevas,  Olegario Charlot Spileta, José Barrios Pedré, Reinaldo Cordero Izquierdo, Santiago Roche Valle, Nicolás González Regueiro, Orlando Zapata Tamayo,

Lamentablemente las huelgas de hambres se han llevado a muchos compañeros, pero muchos más han quedado quebrantados de por vida, de una forma u otra la ruda prisión cubana ha dejado sus huellas, pero a veces se aprecian mas en aquellos que con un coraje ejemplar asumieron el derecho divino de morir a su manera, pero que por diversas razones y motivos sobrevivieron a su empeño de partir como querían.

 

 

Pedro Corzo

Marzo 2009








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martes, 9 de marzo de 2010

ESCLAVOS DEL PODER

 

Los vínculos que existen entre los gobiernos de Cuba y Venezuela no tienen precedentes en otros países del hemisferio americano, y solo es posible apreciarlos, salvando las diferencias, en las relaciones que sostuvieron Italia y Alemania en el período previó a la Segunda Guerra Mundial y durante el propio conflicto.

Adolfo Hitler sentía veneración por Benito Mussolini. El dictador alemán después de entrevistarse con su par italiano llegó a decir que El Duce era en su opinión el hombre más importante y relevante que había nacido en los últimos mil años, una subordinación que tiene muchas semejanzas con la que Hugo Chávez práctica con Fidel Castro.

Sin embargo, Mussolini sentía un profundo desprecio por Hitler, le criticaba fuertemente y hasta entre sus mas allegado calificaba al líder alemán de histérico con inclinación al  homosexualismo. Hasta el presente ignoramos la opinión personal que tiene el déspota cubano sobre el caudillo venezolano. Las apariencias aparentan una amistad sólida de ambas partes, pero recordemos que las "apariencias a veces engañan".

El germano nunca imaginó lo que sentía realmente el italiano por él y la verdad histórica es que siempre le admiró, y le prestó,  durante la segunda gran guerra,  un apoyo político y militar que la parte italiana nunca compensó. Sin dudas que aquella relación fue muy peculiar,  ya que el Poderoso, Hitler, dependía emocionalmente de un dictador débil política y militarmente como Benito Mussolini.

Aquí encontramos otra analogía entre Fidel Castro y Hugo Chávez. Es Venezuela quien subsidia al régimen de La Habana, pero es Caracas la que parece estar sometida a la voluntad de dictador antillano. Fidel Castro y lo que él significa ha seducido al presidente venezolano de manera vergonzosa. Las referencias constantes de Chávez al dictador cubano, y el hecho de representar las acciones y decisiones de Castro como si hubieran sido ejecutados por una divinidad, demuestran su incapacidad para actuar en base a sus propios razonamientos e ideología.

La fascinación que siente  Hugo Chávez ante Castro es tan enfermiza como la que padeció Adolfo Hitler en relación a Mussolini.

Alemania como consecuencia de la incapacidad de Mussolini, se vio obligada a ocupar Italia en 1943,  lo que permitió al dictador conservar el poder por un breve periodo de tiempo.  El Reich envío inútilmente a la península decenas de miles de toneladas de armas y grandes cantidades de combustible que nunca fueron usados por las fuerzas italianas. Mas aun, cuando El Duce fue depuesto y arrestado,  Hitler ordenó un rescate digno de una película de aventuras, bajo el comando de Otto Skorzeni. Poco después le inventó en el norte de Italia, la  República  de Salo, una ficción que le permitió a Mussolini imaginar que seguía gobernando, pero que no le hizo cambiar el sentimiento de desprecio que sentía por su aliado nazi.

Es interesante y si se hace referencias a las semejanzas, también hay que destacar las diferencias, El Duce nunca se sometió a Hitler, de la manera en que lo hace Chávez con Castro.

Mussolini estaba consciente que para que él y su régimen sobrevivieran tenían que aceptar la arrogancia y el poder alemán, pero en el caso cubano venezolano no es así, es el régimen de La Habana y no el de Caracas el dependiente. Cuba no puede sobrevivir con sus propios recursos y necesita los subsidios de Venezuela,  pero son los cubanos los que con los bienes venezolanos han hecho acto de presencia en ese país de manera hegemónica.

El gobierno de Venezuela ha permitido  prácticamente una invasión de funcionarios cubanos, civiles y militares, que según los entendidos, controlan la mayor parte de la administración, y ejercen influencia y un relativo control sobre las fuerzas de seguridad pública y los organismos armados del estado.

Desde Cuba han llegado a Venezuela miles de personas, algunos especialistas o técnicos en  ciertas  ramas del conocimiento, pero la mayoría son asesores o instructores en el dudoso oficio de imponer métodos que permitan implementar en el país sudamericano un régimen con la capacidad de sobrevivencia del cubano.

El presidente Hugo Chávez, a pesar de que el régimen de La Habana solo ha sido eficiente en la consumación  del control de la información y la expresión ciudadana, junto a la constitución de una fuerza política y de espionaje de excelencia,  ha supeditado a la autoridad de los Castro la soberanía de su país y tomado a Cuba como modelo de gobierno a seguir.

En un esfuerzo de objetividad es muy difícil identificar cabalmente a Hugo Chávez y Fidel Castro con  cualquiera de los dos déspotas fascistas, aunque repetimos que hay semejanzas entre los cuatros, pero mas allá de esas similitudes hay una verdad ajena a cualquier especulación y es que Mussolini aceptó la ingerencia alemana por el poder con que contaba ese país, pero Chávez aprueba la cubana por una subordinación a  Fidel Castro que linda con la humillación. Si lo hace por devoción o conveniencia es otra pregunta que no cambia la opinión que cada uno podemos hacernos del gobernante que deshonra la espada de Bolívar. 

En fin, la relación Hugo Chávez y Fidel Castro, tendrán semejanzas y diferencias a las que sostuvieron Benito Mussolini y Adolfo Hitler, pero hay una constante invariable entre estos cuatro apocalípticos jinetes,  y es que gustan del Poder por encima de todo lo demás y que para conseguirlo y conservarlo,  son capaces de cualquier cosa.



Pedro Corzo


De Boitel a Zapata Tamayo.


 

Orlando Zapata Tamayo hizo uso del derecho de todo individuo a elegir  su forma de vivir. Rechazó la doble moral, la hipocresía sistemática y la simulación que solo conduce a la abyección, a morir en cadenas que no es vivir.

Zapata, después de haber optado por ejercer su soberanía personal en la medida que le dictaban sus ideales, al igual que Pedro Luis Boitel y al menos una decena más de prisioneros políticos cubanos,  asumió otro derecho supremo, el de elegir la forma de morir.

Recurrir a una huelga de hambre para demandar derechos es una acción extrema. Muchos se oponen a una práctica que cuando no termina en tragedia, deja huellas irreparables en el individuo. Las lesiones heredadas son demoledoras y pueden arrastrarse por toda la existencia si se sobrevive.

Los motivos  que impulsan a un individuo a declararse en huelga de hambre deben ser muy graves y bien estudiadas sus secuelas, tanto en el orden moral como el corporal, porque es una decisión con grandes posibilidades de pasar del drama a la tragedia en menos de un suspiro. Las huelgas de hambre son funestas, aunque el desenlace no sea fatal.

Cuando Orlando Zapata Tamayo,  arribó a los  5 años y diez días de haber nacido,  no podía imaginar que en la prisión del Castillo del Príncipe,  La Habana, había fallecido, mayo de 1972,  Pedro Luis Boitel, un joven dirigente estudiantil que por 53 días había realizado una huelga de hambre.

Zapata Tamayo, albañil y plomero, cumplía una sanción de 36 años de cárcel cuando decidió en la prisión de Kilo 8,  Camaguey,  iniciar una huelga de hambre que terminó con su vida 83 días después. Zapata al igual que Pedro Luis,  se negó a recibir alimentos  en numerosas ocasiones durante su encarcelamiento. La huelga fue un recurso al que recurrió para reclamar sus derechos y el de sus compañeros de infortunio.

El militante del Movimiento Alternativa Republicana, encarcelado durante la denominada Primavera Negra de Cuba, marzo de 2003, acumuló en los numerosos procesos a que fue sometido una sanción de 36 años de cárcel, a pesar de que fue condenado en un primer proceso a tres años de prisión.

Zapata Tamayo al igual que Boitel, recibió severas golpizas y cumplió un doloroso periplo que le llevó a las cárceles castristas de mayor severidad entre ellas, Taco Taco,  Kilo 8, la prisión provincial de Holguín, entre otras, en algunas de ellas, como Guanajay que, en tiempos diferentes, compartió el doloroso espacio con Pedro Luis Boitel.

Al menos una docena de cubanos prisioneros políticos  han muerto como consecuencia de las huelgas de hambre realizadas en los calabozos castristas. La cifra exacta tal vez nunca se conozca,  las pesquisas que se han hecho al respecto, a pesar del esfuerzo y la seriedad de los investigadores, no han sido suficientes  porque el control sobre la información que ha ejercido la  dictadura es mucho más severo en los índices que pueden mostrar la crueldad extrema del sistema.

Hay quienes afirman que la huelga de hambre esta en la ruta del suicidio, pero es justo destacar que independientemente  a como se enjuicie, es una decisión que demanda fuertes convicciones. Es una vía dolorosa que lleva a una muerte inexorable, aunque sea  a plazos.

La huelga de hambre ha sido usada a través de la historia y en diferentes circunstancias como  un instrumento de lucha. Con ese tipo de  huelga se buscan beneficios, mejores condiciones de vida y también demostrarle al enemigo  que aunque se esté en la celda más oscura y en el rincón mas abyecto y olvidado del mundo, la dignidad no se ha perdido y se conserva el derecho supremo de usar el cuerpo como único escudo en una batalla final en que la vida es el único don a entregar.

Orlando Zapata Tamayo se dio por entero a Cuba. Regaló su vida, cuando muchos en la mezquindad de sus miserias callan y rinden culto a la dictadura, una vez mas, pero no muchas, es válidas aquella expresión de José Martí, "Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra quienes roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres. Va un pueblo entero, va la dignidad humana"
 
Pedro Corzo
Febrero 2010

 

 

 

 

 

 

 




jueves, 4 de febrero de 2010

Ramiro Valdés Menéndez: La Oscuridad

 

Cuando se estudien las personalidades de la Revolución Cubana, Ramiro Valdés ocupará un lugar destacado entre las cinco primeras figuras de un proceso cruento y doloroso que ha marcado indeleblemente a la nación cubana.

 

Antes de la experiencia de la Sierra Maestra, participó con los Castro en el ataque al cuartel Moncada y en la expedición del yate Granma y como contaba con la absoluta confianza de Fidel Castro, fue el que organizó los servicios de inteligencia en la Sierra Maestra, al igual que Manuel Piñeiro en el Segundo Frente Oriental.

 

El diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y ex-miembro del Buró Político (1986), fue segundo jefe de la Columna 8 "Ciro Redondo", que comandó Ernesto Guevara. De  1961 a 1969 ocupó la posición de Ministro del Interior, cargo que retomó en 1978 hasta 1985, cuando fue reemplazado por orden de Raúl Castro por uno de sus viceministros, el general José Abrantes. Este último murió misteriosamente en prisión, donde cumplía una condena por haber estado supuestamente involucrado en actividades delictivas.

 

El comandante Jaime Costa, que fuera amigo de la infancia de Ramiro Valdés, refiere que en México, Valdés estaba al frente de la seguridad y que a los pocos días del triunfo de la Revolución,  Fidel Castro le asignó las mismas funciones. Dice Costa que en abril del 59, especialistas de la KGB que hablaban español, ingresaron a Cuba gracias al permiso que concedió Ramiro Valdés.

 

Afirma Costa que Valdés, al igual que Raúl Castro y otros dirigentes de la revolución, estuvieron involucrados en la muerte de Camilo Cienfuegos y que Valdés asistió a Guevara en algunos de los fusilamientos que se produjeron en La Cabaña. Costa fue  testigo de una conversación en la que Guevara y Ramiro comentaban sobre la necesidad de ejecutar a la mayor brevedad a unos policías del régimen de Fulgencio Batista porque eso fortalecería a la Revolución.

 

Valdés desde la constitución del Ministerio del Interior,  estableció una estrecha colaboración con sus pares del extinto bloque soviético que duró hasta la caída del Muro de Berlín y en algunos casos por varios años más. Documentos archivados en la Stassi, policía política de la RDA, testimonian la estrecha cooperación entre las fuerzas represivas y los suministros de diferentes clases que la entidad represiva germana  enviaba a sus homólogos de La Habana. Igual relación existía con la KGB, soviética.

 

Dariel "Benigno" Alarcón, de la tropa de Camilo Cienfuegos -estuvo con Guevara en Bolivia- conoció a Valdés en la Sierra Maestra cuando este era  teniente. Recuerda que era muy próximo a Fidel Castro, con quien era muy servil y adulador,  aunque con los demás, al no ser que fueran oficiales superiores,  era déspota y grosero. Dice que otro aspecto a destacar del carácter de Ramiro era su disposición a juzgar y ejecutar a las personas acusadas de ser delatores o por simples diferencias con el alto mando,  pasión que compartía con Ernesto Guevara.

 

Valdés instituyó en Cuba la vigilancia contra el ciudadano común,  pero también contra los altos jerarcas del régimen. No había diplomático, funcionario, empresario o personalidad extranjera,  que no fuera espiado en la isla. Otro aspecto importante en los predios de Valdés cuando dirigió el MININT,  fue la corrupción en la que el ministro se llevaba la palma, pues tenía hasta un cocinero particular entre otra infinidad de detalles millonarios que caracterizan la vida de los grandes jerarcas cubanos.

 

Dice Alarcón que Valdés participó directa o indirectamente en muchas de las operaciones que se realizaron en el exterior y que el MININT desarrolló su propio aparato de subversión y espionaje internacional cuando constituyó la Dirección General de Inteligencia (DGI) que competía con el Departamento América que dirigía Manuel Piñeiro Losada.

 

Entre el Departamento América y la Dirección General de Inteligencia o DGI, que comandaba Valdés, había una gran animosidad, al extremo que no existía colaboración entre las dependencias. Valdés opinaba que si ya había una oficina a cargo del espionaje internacional, la suya,  no era necesario crear otra que cumpliera deberes similares en América, donde también operaba su oficina de espionaje y subversión.

 

Es importante destacar que el actual Vicepresidente del Consejo de Ministros y  Vicepresidente del Consejo de Estado de Cuba, fue el brazo ejecutor de la subversión castrista en el hemisferio. Las incursiones de los sicarios de la revolución cubana en Venezuela, Bolivia, Colombia y el resto de los países del continente contaron con la asesoría de Valdés.

 

Dice Dariel Alarcón que los documentos falsificados con los que operaban los subversivos en el hemisferio se hacían en las oficinas del ministro Valdés. De allí  salían los pasaportes o cualquier otro tipo de identificación que requiriesen los espías o sediciosos. También eran oficiales bajo el mando de Valdés los que entrenaban a los insurrectos en el aspecto militar, pero también  como agentes de espionaje o seguridad. Los futuros cuadros insurrectos entre los que se contaban chilenos, venezolanos, peruanos, brasileños y argentinos, entre otros,  eran preparados para soportar los más duros interrogatorios en caso de que fueran capturados. En estos simulacros se usaban los métodos que practica la INTERPOL.

 

A las pocas semanas del triunfo de la insurrección y después de haber ejercido como Jefe Militar de la provincia de Las Villas, Ramiro Valdés asumió la dirección del Departamento de Investigaciones del Ejército Rebelde (DIER), una fuerza policial que se especializó en reprimir brutalmente a las organizaciones clandestinas y guerrilleras que confrontaron al nuevo régimen desde el propio año 1959; el "Departamento", como se conoció, fue una especie de embrión de lo que sería el Departamento de Seguridad del Estado, un organismo que llevó a prisión a más de medio millón de hombres y mujeres, y ejecutó a cerca de seis mil personas. A excepción de Valeriano Weyler, ningún otro individuo en la historia de Cuba ha sido responsable directo de tantos actos de maldad y crímenes como "Ramirito".

 

El comandante de la Sierra Maestra, Húber Matos, coincide con Alarcón en que Ramiro tenía la triste fama de ser un represor aún desde la época de la insurrección. También comparte la opinión de que Ramiro Valdés era muy dependiente de Fidel y Ernesto Guevara. Matos cuenta que durante su arresto en Camagüey, Valdés le apuntaba con una pistola constantemente y que fue quien lo condujo a la capital.

 

Por años Ramiro Valdés, por estar al frente de la policía política, fue mas temido que Raúl Castro. La participación de sus hombres como instructores, interrogadores y combatientes en la lucha contra los que enfrentaban al totalitarismo le confirió una triste popularidad. Las redadas, condenas y ejecuciones estaban a cargo de los "Ramiritos" como los califica Dariel Alarcón. Por otra parte señala Ricardo Bofill que viejos comunistas con un historial de violencia y asesinatos como Isidoro Malmierca y Osvaldo Sánchez, se incorporaron al MININT y que las informaciones sobre actividades políticas de determinados ciudadanos que había logrado acumular el Partido Socialista Popular en sus años de existencia, fueron entregadas a Valdés.

 

Para Carlos Franquí, Ramiro Valdés, por su incultura y vocación a la represión fue el hombre que escogió Fidel Castro como jefe de las fuerzas policíacas que fueron transformadas en  aparato de seguridad nacional. Valdés aplicó las instrucciones que los agentes en Cuba de la KGB, los ya referidos Oswaldo Sánchez e Isidoro Malmierca, le impartieron con la asistencia de los agentes hispanos soviéticos que en el mismo año 59 había enviado Moscú a La Habana.

 

Los agentes de Ramiro actuaron con plena impunidad y desconociendo los más elementales derechos ciudadanos. Ejecutaban redadas de miles de personas sin que mediara una actuación judicial Se calcula que en los días de Playa Girón fueron arrestados y confinados en campos deportivos, escuelas y clubes sociales más de 250,000 personas porque las cárceles estaban abarrotadas. Es importante tener presente que en 1960 y años subsiguientes, el ministro Valdés forzó el desplazamiento a cientos de kilómetros de sus hogares y lugares de trabajo, a miles de campesinos generando así los tristemente célebres "Pueblos Cautivos".

 

La Seguridad del Estado o G-2 que dirigió Valdés, tenía licencia para arrestar y matar, condenar sin juicios y fusilar sin pruebas. No faltaron masacres como la de "La Ceiba", Escambray, donde fueron ejecutados con una  ametralladora calibre 30, 19 hombres. Para el ministro y sus discípulos la convicción de que un indiciado era culpable  hacía posible cualquier  condena. Ramiro creó  campos de concentración en todo el país, "La Sierrita", "Arroyo Blanco", "El Condado", etc, estas instalaciones fueron creadas  en  zonas rurales y quienes más la sufrieron fueron los campesinos.

 

Manuel de Beunza trabajó como oficial de Inteligencia Naval en el ministerio del Interior y conoció a Valdés desde que era un adolescente porque su familia residía cerca de la casa de Germán Pérez, jefe de los escoltas del ministro  que al igual que otros altos funcionarios del régimen disfrutaba de una casa de campo en la que se celebraban fiestas con relativa frecuencia.

 

De Beunza describe el carácter de Valdés como el de un hombre amargado, distante, prepotente y de muy pocas palabras y para dar una visión más apropiada de su carácter cuenta dos anécdotas:

En una ocasión en la que el  destacado cantautor  cubano, Ignacio Villa, "Bola de Nieve" daba un concierto en un acto oficial, el funcionario a cargo de la actividad se  acercó a Valdés para decirle que "Bola de Nieve"  quería conocerle, a lo que el ministro con la homofobia que caracteriza a los jerarcas de la Revolución contestó que a él no le interesaba,  porque  no quería conocer a inmorales.

 

La otra anécdota ocurrió a finales de la década del 70,  cuando Ramiro Valdés asumía por segunda vez el ministerio del Interior. El  Ministro promovió unas asambleas en las que los oficiales del MININT eran instados a hablar con plena libertad, incluyendo críticas al propio Ministro, con la garantía de que no se tomarían represalias. Los que  se atrevieron a ejercer el derecho que les había sido concedido fueron reprimidos y muchos sancionados. Cuenta de Beunza que estaba presente cuando  Valdés  le dijo a un individuo que quería dejarse la barba y el bigote, que el único que podía hacerlo era él porque era el ministro del Interior.

 

Otro detalle del carácter de Ramiro Valdés que destaca  de Beunza, es su sadismo. Dice que gustaba visitar las prisiones, en particular las menos conocidas como las del Departamento Técnico de Investigaciones donde un hombre podía estar siete u ocho meses sin haber sido presentado ante un juez o un abogado. Estas visitas las disfrutaba y comentaba como si fuera una hazaña tener hombres encerrados sin derecho a un juicio. Otra particularidad de Valdés es que disfruta que le teman. Aprecia que la gente sienta miedo por su sola presencia.

 

Ramiro Valdés era el verdugo más temido y conocido de la isla pero también era un individuo capaz de crear condiciones para fundar corporaciones fraudulentas en países extranjeros con el fin de que el régimen pudiese violar el embargo estadounidense, Fue con ese objetivo que se fundó el Departamento M.C., un cuerpo adscrito a la Inteligencia Naval, dentro de la Dirección General del Inteligencia (DGI). M.C. era dirigido por el coronel Antonio de la Guardia, fusilado junto al general Arnaldo Ochoa por supuesto tráfico de narcóticos.

 

Valdés fue el que instrumentó las condiciones para que bancos suizos se involucraran en  actividades económicas de la dictadura cubana. La estructura de inteligencia que creo Valdés fue el artífice del lavado de dinero por lo que varios bancos han sido sancionados en los últimos años.

 

Según de Beunza muchas de las empresas que fundó el ministerio que dirigió Valdés se vincularon con el narcotráfico, lo que incidió en el crecimiento del capital de esas entidades. Dice de Beunza, que estas entidades estaban administradas por cubanos que disfrutaban de una especial confianza del régimen, al extremo que residían en el exterior con su familia y manejaban importantes sumas de dinero.

 

Por otra parte de Beunza afirma que la época dorada de estas corporaciones, algunas de ellas, sino todas, vinculadas estrechamente al tráfico de estupefacientes, tuvo lugar en el periodo en el que José Abrantes estuvo al frente del Ministerio del Interior, porque Ramiro disfrutaba más el papel de policía represor que el de administrador general de corporaciones que generaban riquezas.

 

Pero sin duda alguna, Ramiro Valdés era el individuo que tenía el poder de confinar a hombres y mujeres en sitios insalubres por el tiempo que decidiera el investigador encargado del caso. Bajo Ramiro se introdujeron en los interrogatorios torturas muy sofisticadas como la aplicación del pentotal sódico, cambios de temperaturas, aislamiento prolongado y métodos sicológicos muy agresivos para desestabilizar al preso, entre ellos el electroshock, pero también se continuaron aplicando golpizas brutales y el lanzar atado a lagunas y pantanos  a personas arrestadas hasta lograr sus declaraciones.

 

Ramiro Valdés fue quien aplicó las órdenes de Fidel Castro de destituir y encarcelar a los dirigentes sindicales que en su mayoría habían sido miembros destacados del Movimiento 26 de Julio. Fue uno de los artífices, junto a Ernesto Guevara, de la llamada "Operación de las Tres P", en la que fueron arrestados y enviados a campos de trabajos forzados, sin que mediara un proceso judicial, pederastas, prostitutas y proxenetas y cualquier otro individuo que fuera considerado ajeno al proceso revolucionario.

 

Años más tarde colaboró estrechamente con el Ministerio de las Fuerzas Armadas para poner en función las sádicas Unidades Militares de Ayuda a la Producción, UMAP, una de las pocas ocasiones en las que Raúl Castro y Valdés superaron sus diferencias y trabajaron juntos. Esta dependencia era la encargada de investigar y determinar, así como ubicar el lugar de residencia, trabajo o estudio de todos aquellos individuos considerados CR, o sea contrarrevolucionarios. Posteriormente las Fuerzas Armadas llamaban al individuo a servicio y lo situaban  en el lugar que más les convenía.

 

Las condiciones carcelarias bajo la dirección de Valdés no solo eran difíciles sino que podían generar un genocidio, si en el país se producía alguna circunstancia que pudiera poner en peligro la permanencia del régimen. El ministro tomó todas las medidas necesarias para lograr ese objetivo y el ejemplo más contundente fue lo que aconteció en el Reclusorio Nacional para Varones de Isla de Pinos,  cuando miles de libras de TNT fueron colocadas en los túneles de las cuatro circulares y el comedor, que también es un edificio circular,  con la orden de hacer detonar los explosivos si se producía una sublevación o un ataque del exterior.  Durante más de 20 meses cinco mil presos políticos durmieron sobre un virtual colchón de explosivos.

 

El ex oficial de Inteligencia naval, Manuel de Beunza, opina que la primera vez que removieron a Ramiro Valdés de su alto cargo fue consecuencia de una decisión de Fidel Castro que aparentemente quería cambiar en alguna medida la imagen que tenía en el país el Ministerio del Interior, pero como la persona que nombraron, el comandante Sergio del Valle, demostró no estar capacitado para tan compleja posición en un régimen policíaco, Ramiro tuvo que regresar a su oficio predilecto, la represión. 

 

La segunda vez que destituyeron  a Valdés fue por decisión de Raúl Castro, que en su condición de Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba, tenía autoridad para decidirlo, siempre y cuando la medida contara con el respaldo de Fidel.

 

Varios fueron los factores que determinaron que Valdés fuera sustituido por segunda vez. Entre los aspectos a tener en cuenta están: la vieja rivalidad entre los comandantes, celos entre los respectivos mandos, los Servicios de Inteligencia no rendían informes a Raúl, sólo a Fidel, más el hecho de que la vida privada de Valdés no era vista con agrado por la mayoría de los comandantes que fingían ser unos puritanos. Ramiro se había casado con una mujer mucho más joven, tenía una casa amurallada y otros muchos lujos que solo son considerado como negativos por la alta jerarquía cuando quieren sacar del gobierno a un alto funcionario. Junto a su destitución del Ministerio, también fue separado del Buró Político del Partido Comunista de Cuba.

 

Según los que conocen del caso Raúl Castro dispuso extremas medidas de seguridad para poderse defenderse por si Ramiro Valdés reaccionaba violentamente por su destitución. El ministro del Interior recibió el pedido de que fuera al despacho de Raúl Castro en el  ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. El actual  jefe del estado cubano situó a su coronel jefe de ayudantía en un lugar de la oficina con una pistola lista para hacer fuego en caso de que Ramiro intentara agredirle, lo que no fue necesario porque el temible ministro se desmoronó moral y físicamente ante su antiguo compañero de armas cuando le fue dada la orden de abandonar su puesto.

 

El dos veces ministro del Interior cubano es el símbolo de la represión y de los períodos más oscuros de la Revolución Cubana, al extremo que según Alcibíades Hidalgo, quien fuera asistente directo de Raúl Castro, el nada tolerante Raúl usó como uno de los argumentos para desplazar a Valdés del ministerio,  la gran cantidad de presos que había en Cuba en el momento de su deposición.

 

Según Hidalgo, el alto número de encarcelados había generado cierto malestar en la cúpula gobernante, pero en su opinión lo que primaba era el temor que todos los dirigentes de la revolución sentían ante el espionaje que ejercían los hombres de Ramiro Valdés.  Todos los dirigentes del Revolución eran conscientes que la maldad de Valdés solo se detenía ante la oficina de Fidel Castro.  

 

Ramiro Valdés  tiene otras credenciales que pocos dirigentes de la Revolución pueden mostrar, al extremo que no es de dudar que si Raúl no fuese el hermano de Fidel Castro,  el hubiera sido el designado como  "Sucesor" del comandante en Jefe. Valdés, ostenta el supremo honor de ser comandante de la "Revolución" junto a Guillermo García y Juan Almeida, recientemente fallecido. Fue Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros y Viceministro Primero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Cuando se fundó el Partido Unido de Revolución Socialista de Cuba, al igual que en la posterior constitución del Partido Comunista, ocupó posiciones importantes. En 1971 fue designado jefe del sector de la Construcción y a mediados de la década del 90, nombrado Presidente del Grupo Industrial para la Electrónica del Ministerio de la Industria Sideromecánica.

 

En el momento de pasar a ocupar el puesto de ministro en el gabinete provisional de Raúl, Valdés dirigía una empresa especializada en electrónica,  Copextel, que negocia con moneda convertible en un monto superior a los 450 millones de dólares. Su oficina tiene despachos en países de varios continentes, y muchos observadores afirman que su gestión ha sido más exitosa que la de otras empresas del gobierno de Cuba que son mas conocidas.

 

Su intensa y extensa participación en actividades de investigación y represión le hacen el funcionario cubano con más experiencia en un campo de extrema importancia en un régimen totalitario, por eso algunos analistas plantean que  aunque su incorporación al gobierno de "Sucesión" puede ser un gesto de unidad, es también un mensaje de que hay una mano dura, un aviso a los descontentos de adentro y de afuera de que el viejo sabueso puede volver a morder.

 

Especulación aparte hay una verdad histórica que no se puede obviar, Valdés por encima de todas las diferencias que pueda haber tenido con Raúl, ha demostrado ser fiel a Fidel y al Proyecto que este representa, aunque algunos dicen que la dinastía de los Castros vería con agrado  que "Ramirito"  tuviera el final, feliz para sus intereses, de Guevara o Camilo Cienfuegos.

 

Los funcionarios del Minint y  los agentes del G-2, Seguridad del Estado, eran una élite dentro del régimen. Disfrutaban de prerrogativas y privilegios que jerarcas de otras estructuras gubernamentales no tenían. Un oficial del G-2 era mucho más importante que su par en las Fuerzas Armadas, por otra parte la condición de sacerdote del totalitarismo les permitía intimidar, detener y eliminar a cualquier hereje sin mayores consecuencias,  y ese es el verdadero poder en un  régimen como el de los Castro.

 

Dariel "Benigno" Alarcón describe en su libro, "Memorias de un soldado cubano", un confuso incidente  en el que un escolta de Fidel Castro fue asesinado de un disparo realizado desde una de las oficinas de la corporación que dirigía Ramiro Valdés. Cuenta que se hizo una exhaustiva investigación y que a los cuatro o cinco días Ramiro fue sacado del Comité Central y enviado para su casa.  Alarcón dice que este incidente nunca fue aclarado por temor a repetir un proceso como el de Ochoa, y pone como ejemplo que a pesar de haber muchos involucrados en el "Caso Aldana" nunca se ha ventilado lo que hubo detrás de su destitución.

 

Sobre las relaciones entre el Ministro del Interior y su homólogo del Ministerio de las Fuerzas Armadas, de  Beunza apunta que eran muy tensas por muchas razones:

las tensiones se habían originado en la Sierra Maestra cuando Valdés estaba bajo el mando de Guevara, pero se agriaron más por la estrecha relación que existía entre Fidel Castro y Ramiro, quien  controlaba un organismo que contaba con una  fuerza numerosa, bien entrenada y mejor armada en la capital de la isla que las que tenía bajo su mando el mismo Raúl Castro. Por otra parte a pocos pasos de la casa del Comandante en Jefe, Fidel Castro, estaba el destacamento principal de las Fuerzas Especiales que controlaba Valdés.

 

Alcibíades Hidalgo, quien como hemos referido fue asistente personal de Raúl Castro, considera que las diferencias entre Raúl  y Ramiro Valdés son muy grandes y que sin dudas este último ha sido su  más consistente y sólido rival desde que triunfó la insurrección. Señala que a Raúl le molestaba que el Ministro del Interior despachara directamente con Fidel Castro y que contrario a lo que ocurría en la extinta Unión Soviética, tuviera control sobre el Poder Judicial y que su autoridad se extendiera a cuerpos como la Policía Nacional Revolucionaria.

 

Dice Hidalgo,  que la competencia entre los dos era muy fuerte, no solo porque dirigían los cuerpos armados más importantes del país, sino también porque Valdés incursionaba en asuntos que eran de estricta competencia del Partido Comunista de Cuba, según opinaba Raúl, el Segundo Secretario de la organización. Valdés también establecía contactos  directos con las autoridades moscovitas, y de otros países del área socialista  para los asuntos concernientes con su ministerio.

 

Sin embargo algunos analistas consideran que por razones de supervivencia las posibles diferencias entre Raúl y Ramiro pueden haber venido a menos ante la necesidad de conservar el poder, que ha sido en definitiva lo que les ha importado a través de los años. La realidad, según ellos,  es que estos dos hombres que fundaron y dirigieron por años los cuerpos armados del totalitarismo están comprometidos en la continuidad del régimen,  y agregan que uno y otro están bajo la presión de otros dirigentes que consideran que una ruptura entre ambas partes daría con el fin del sistema y todo lo que esto implica.

 

Fragmento del libro Perfiles del Poder. 2008.

Pedro Corzo.