lunes, 19 de octubre de 2009

DESPOTAS E INTELECTUALES


 

No hay dudas que a través de los tiempos ciertos intelectuales han padecido de una fatal atracción por los déspotas. Los intelectuales, que supuestamente  son más cultos, sensibles e ilustrados que el resto de los mortales, que disfrutan de un mayor discernimiento sobre el hacer y pensar humano son proclives, en muchos casos, y como cualquier otro hijo de vecino, a ser magnetizados y seducidos por los tiranos, y cuando esto sucede sólo tienen ojos y oídos para quien ejecuta la fuerza y no para quien libera y cultiva el pensamiento en oposición a la autocracia.

 

Esto nos obliga a pensar que la real o supuesta inteligencia del intelectual, junto a la elevación de espíritu que le atribuimos no debe hacernos suponer que todos poseen un elemental sentido de la justicia o capacidad para un análisis realista de unas circunstancias determinadas, tampoco la necesaria comprensión de la condición humana, y menos aún que posean el más privilegiado de los sentidos: el sentido común.

 

Pero, sin dudas, de todos los especimenes que forman el tejido social es el intelectual, militante o contestatario, el que más arriesga y pierde llegado el caso ante un gobierno de fuerza o de voluntades sin fronteras. El creador, no importa lo que haga, esté en torre de marfil y atmósfera aséptica, dictando ukases contra el pensamiento, refugiado en un oscuro cuartucho o en una inmunda celda estará perdiendo libertades a un ritmo superior al de cualquier otro ciudadano.

 

Sus libertades para asociarse, debatir, expresarse y cuestionar serán cercenadas. Su arte, sin distinción de formas de expresión quedará encasillado como agresiva fiera que sólo podrá actuar en la forma y el tiempo que el entrenador disponga. La libertad de crear se extinguirá. Pero también su  libertad de aprehender, de hacer crecer los horizontes y el  jugar con los demiurgos de su propia imaginación de igual forma será anulada.

 

El intelectual que acata una doctrina se transforma en un idiota con computadora, en reproductor de consignas, en espantapájaros de sus quimeras, y en el mejor del caso fiscal y juez del pensamiento ajeno y  a veces en verdugo. Al que proteste, al que rechace el dogma, le espera la oscuridad, el destierro, la cárcel y ¿por qué no? la muerte como creador y hombre. En un régimen de fuerza con fundamentación ideológica el intelectual corporativo se auto somete a un maniqueísmo aberrante. Está en la obligación de crear para los objetivos que establezca el Estado y el Partido, porque ambas expresiones llegan a convertirse en una unidad indivisible.

 

El intelectual en su comunión con el poder se masifica y  pierde la individualidad que le distingue, su expresión, plástica o literaria es afectada por su dependencia de la voluntad que le domina. La capacidad creativa por grande que sea se autocensura, los privilegios que detenta o los miedos que padecen le imponen límites que tienden a satisfacer al Señor que le protege. Es doloroso y frustrante contemplar la relación entre un creador cómplice, un individuo que supuestamente ha logrado depurar su conciencia y sensibilizar su espíritu con el estado-gobierno depredador al que se somete.

 

Siempre me ha llamado la atención la especial relación de muchos creadores abstractos con el Déspota, se aprecia que entre muchos escritores de letras confusas y trazos incomprensibles para el común de los mortales hay un hechizo particular, una única devoción por el hombre de hierro o la ideología sectaria y excluyente. Mi percepción, insisto, es que el "pensador" del mensaje oscuro, difícil, que se caracteriza por ser críptico, enrevesado, contradictorio es más propenso a servir a los déspotas o aproximarse a utopías

 

¿Cuál es el motivo de que muchos de los que crean para las edites, asuman conductas propias de la masa informe y coloidal ante el poder? Es una interrogante digna para los psicólogos más avezados. Por que el creador que se identifica con una dictadura sufre una especie de embeleso, de enamoramiento político que le convierte en objeto de una seducción donde los sentimientos más telúricos y arcaicos se imponen al raciocinio.

 

Por lo regular el intelectual es un individuo que huye de los compromisos. Su libertad de hacer y pensar son los pasaportes imprescindibles de su espíritu. Son iconoclastas, contestatarios y destructores de esquemas. Sin embargo, al parecer, en la condición  del titulado creador orgánico hay un recóndito receptáculo que atesora un primitivismo vulgar y cruel. Un sitio donde tempestuosas pasiones aguardan por alguien que, al tensarlas, les provoque reacciones que obnubilaran  su conciencia crítica.

 

El intelectual, sin relación con su talento, no esta exento de ser fácil presa de promesas e inclinado a los sueños y utopías mas quiméricas. Por eso, a pesar de sus cualidades creativas, cuando se identifica con una causa padece síntomas de una especie de agudo enamoramiento. Asume una condición pasiva, de comprensión y apoyo en tanto y en cuanto le dure la pasión. Un intelectual "enamorado", no importa de qué o de quién, se puede transformar en un ser ruin, preñado de vilezas y sin autoestima alguna, en una palabra, convertirse en el ente más primitivos de la creación con toda la brutalidad que esto implica, sin que le falte el genio o el encanto de su arte.

 

Probablemente, desde los orígenes de la civilización,  cuando los Brujos nos sometían con conjuros para la conveniencia del Cacique, hasta el fin de la especie, existan intelectuales subyugados por la fuerza, atraídos por una imagen mesiánica que les impida el conflicto de la duda. Pueden ser inteligentes, brillantes, capaces de imponer pautas y escuelas en su creación y en la historia. Como ejemplos: Ezra Pound, un defensor acérrimo del fascismo; Pablo Neruda, bardo del estalinismo más frenético.

 

Alejo Carpentier y Gabriel García Márquez escritores de notable talento, o simples jenízaros de pluma robada como Luís Pavón Tamayo, Jorge Serguera, Alfredo Guevara y Roberto Fernández Retamar, adoradores de un Dios y un Olimpo que no dudaría en desencadenar sobre ellos toda la furia del infierno, si esto le beneficiara.

 

Estos individuos, y muchos más que harían agotadora esta lectura, parecen encontrar en su conversión las fuerzas que les faltan, en la nueva fe, la paz y la seguridad de la que siempre habían renegado. El dogma que dicen defender, es la religión inmutable e imperecedera que siempre rechazaron. Y el líder es el Dios todopoderoso que les ofrece certidumbre y les garantiza la posteridad. Sirviendo al Dogma y su Patrón se están sirviendo a ellos mismos.

 

 

Pedro Corzo

Febrero 2007.





DIALOGO Y/O BELIGERANCIA


 

En los últimos años la oposición democrática cubana, en la isla y en el exterior, ha confrontado dos tesis estratégicas que al parecer son tan incompatibles en sus valores morales que han transformado a los que debían ser simples adversarios en enemigos irreconciliables o poco menos.

En ambos proyectos existen personas racionales que defienden sus consideraciones sin llegar a menoscabar la dignidad de quien le adversa, pero también, en las dos vertientes encontramos poseedores de verdades absolutas; Torquemadas modernos que con fanatismo inexorable destruyen y desacreditan a quienes no creen en la fórmula que proponen.

Sin embargo y corriendo el riesgo que los inquisidores de ambas tesis me excomulguen y cremen manifiesto que no solo creo que las tesis "beligerancia y diálogo" son derecho indiscutido de quien las seleccione y que cada quien tiene facultad para elegir la vía más a cónsono con sus convicciones, intereses y posibilidades sino que ambas consideraciones son tácticas y estratégicamente compatible en cualquier proyecto político con sustentación real que se desee implementar.

La beligerancia es el recurso extremo de toda oposición política cuando está siendo asfixiada por el poder real. A ella se accede cuando el poder rechaza todo entendimiento y destruye el tejido de la sociedad civil en el que la oposición podía expresarse. La represión oficial establece un dique de contención a la resistencia cívica e impulsa a las fuerzas que le adversa al enfrentamiento armado conduciendo a una espiral de violencia de una forma cruda y despiadada. La beligerancia es obligación insoslayable en aquellos a los que se le conculcan sus derechos.

El diálogo es la confrontación civilizada de dos o más que desean o necesitan entenderse. Al diálogo se puede llegar por respeto y cordialidad entre las tendencias pero también por agotamiento, necesidad o temor a una fuerza disuasoria que amenace la existencia o integridad de una de las partes.

El Diálogo y la Beligerancia, contemplando ambas fórmulas ante una dictadura como la cubana son dicotómicos en la forma pero no en la esencia. Ambas estrategias frente a un gobierno despótico tienen que sustentarse en la fuerza, independientemente a la naturaleza de esta y al uso que de la misma se haga.

Si no se poseen elementos disuasorios económicos, militares, movimientos cívicos nacionales e internacionales una opinión pública favorable a nivel de gobiernos extranjeros, etc.; lo suficientemente poderosos; la dictadura no percibirá la presión requerida que la lleve a la negociación y si la facción beligerante no posee una estrategia que tienda a involucrar a la nación en su conjunto, con un agudo sentido de la oportunidad y de las coyunturas nacionales e internacionales y un proyecto de autosuficiencia económica que sostenga su estrategia de desestabilización del enemigo el gobierno no se quebrará y solo restará a ambas tendencias la conciencia de un honroso esfuerzo sin los resultados apetecidos.

Estoy convencido que el Diálogo y Beligerancia como variantes de la confrontación son potencialmente compatibles y factibles al extremo que ambas pueden apoyarse mutuamente a pesar de sus diferencias. La beligerancia cívica de Solidaridad y las protestas callejeras de Praga provocaron el diálogo que terminaron con el totalitarismo checo y polaco. Los fusiles de Ardid y la crueldad de sus seguidores en Somalia influyeron para que los E.E.U.U. retiraran sus soldados de ese país. La beligerancia militar de los rumanos provocó el derrocamiento de los Ceaucescus. La violencia del IRA irlandés ha llevado al gobierno británico a proponer un diálogo; la resistencia cívica abortó el golpe de estado ruso de Agosto de 1991; la presión internacional y la poderosa resistencia interna ha destruido el régimen de Apartheid en Sudáfrica y la capacidad de destrucción mutua de israelíes y palestinos con diferencias ancestrales siempre resucitadas con los muertos de ambas naciones, les convenció que era necesario confrontar de otra manera porque para ambos pueblos se hacía cada día más difícil la existencia.

Creo fervientemente en el ensamble de ambas estrategias. Es necesario el respeto a los que están en una u otra vía siempre y cuando cada proyecto contemple el respeto a los valores nacionales y el establecimiento de una sociedad de derecho y para concluir, hay que asumir como propia una frase de un beligerante de pura cepa, de un luchador incansable, también un amigo entrañable, "la fuerza invita al diálogo y el diálogo a las concesiones".

 

Pedro Corzo

 

 





Discriminación más allá de la frontera


Los flagelos  de la discriminación y la represión están presentes en toda sociedad. No importan el nivel de desarrollo económico ni la solidez del estado de derecho. El individuo y la comunidad siempre están  sujetos a ser  objeto  del abuso de los poderes públicos y privados, pero bajo las condiciones excepcionales que priman en un estado totalitario ambos conceptos se manifiestan en toda su dimensión,  al extremo que tienden a confundirse y perder sus respectivas connotaciones.

 La discriminación y la  represión que aborda este trabajo, no es la individual, la que una entidad no gubernamental, natural o jurídica,  aplica contra otros individuos, sino la oficial, la que un estado instituye contra la persona y  la comunidad, para impedir el libre curso de las opiniones y en consecuencia el disentimiento u oposición. El ciudadano cubano padece todo tipo de opresión y seria valido suponer que cuando el individuo decide abandonar el país  ésta termine,  pero en  la isla no es así. El gobierno considera traidor a  todos los que deciden asumir su propio destino y romper con la tutela oficial,  por eso el futuro  expatriado tiene que expiar la culpa padeciendo todo tipo de vejamen.

 La expulsión de centros de estudios o laborales. Le entrega de todo tipo de bienes y la espera de un permiso de salida, convierten en agonía el arribo de un futuro incierto. El proceso es lento. La vida se hace más precaria y pendiente de la voluntad de un funcionario o de un vecino mal intencionado.

La partida es traumática. Dura. Dejación de pasado  y las esperanzas. Desarraigo. Tocar el fondo de  la existencia e iniciar un periodo en deriva que por siempre se ignora cuando concluye. La  casi certeza de que  las palmas esperarán  toda una eternidad. Iniciar una nueva vida,  prepararse  para  nuevos retos y asumir otra vez la responsabilidad de la propia existencia. El país quedo allá. Está en la  memoria, en  los sentimientos y por eso se actúa  de acuerdo a las  convicciones y querencia. La tierra dejada se quiere, se tiene con uno al igual que su gente, sin que importe  la realidad política en la que están inmersos.

 Deseas  visitar a los tuyos,  hacer realidad los regalos de los sueños.  Se vive  en libertad y  en el disfrute de  los derechos,  y un día, cuando se decide regresar sobre lo andado se  choca con el pasado. El nuevo pasaporte es costoso. El boleto para viajar supera los planes y el humillante permiso para entrar al país es también de un valor que hace vacilar el  presupuesto. Pero eso no es todo. Puede que  venga  la represión como carga de machete. Depende de cual ha sido la conducta en el exterior.

Discreción, silencio, olvido del pasado y  ceguera total ante el presente  pueden ser considerados  factores positivos para reconocer los derechos.  Escritos, manifestaciones, protestas, cuestionamientos a la dictadura o sus asociados,  es la espada  que hace trizas  pasaje, pasaporte y regalos. La garra del  totalitarismo  hace sentir  su ponzoña.

 Para muchos exiliados es muy  difícil librarse de la presión  que generan las autoridades cubanas. La protección consular que debe dar  todo país a sus nacionales en el extranjero esta supeditada a la posición política.  Los derechos  siguen conculcados. No importa que se esté  fuera de  la patria, se constata una vez más que en la isla solo cuenta la voluntad de los que gobiernan. La realidad es cruel  pero no se  puede ignorar. El totalitarismo insular sigue cercenando  derechos y oportunidades,  sin importar fronteras.

 Hay que admitir que el régimen es consecuente y parte de su compromiso es hacer  sentir fragilidad e indefensión ante su poderío. Para lograrlo invierte cuantiosos recursos en una  eficiente burocracia y en una clientela política que  se presta a todas sus maniobras. Son sus reglas. La discriminación trasciende las fronteras del país de origen y  el patrón de todo y todos  no ha olvidado el pecado original en que se incurrió. El traidor, el  apátrida,  lo seguirá siendo por siempre salvo que  tenga la disposición de aceptar que los derechos  naturales son privilegios que otorgan los que gobiernan.

 Como contraparte una columna vertebral flexible y una moral nutrida en la mentira,  permite disfrutar de ciertas oportunidades. El silencio cómplice es bien retribuido. Viajes, atenciones y permisos especiales y hasta la posibilidad de convertirse en socio empresarial del régimen si hay disposición a seguir mudo y ciego ante la realidad. La militancia, la critica al exilio y sus actos pueden transformar  en héroe oficial el antiguo "traidor". Un colaborador siempre listo para acusar, denigrar y entorpecer la labor de aquellos que están a favor de la democracia en Cuba, sin que importe la nacionalidad del defensor.

 Tampoco se puede olvidar a los agentes. Individuos entrenados para espiar, organizar campañas y neutralizar enemigos. Esos, juntos a los funcionarios de las sedes diplomáticas,  son los mas peligrosos porque establecen contactos con personas  y agrupaciones que tienen aproximaciones ideológicas o  de cualquier tipo con el régimen cubano.

 Entre comerciantes sin escrúpulos, mercenarios políticos, agentes  y tontos útiles  se sustenta la represión extraterritorial que tienen su mejor aliado en  organizaciones  nacionales  que reciben cuantiosos fondos  para montar campañas favorables al gobierno de La Habana y de descrédito a quienes lo rechazan. Los partidarios de estas agrupaciones pueden actuar en su momento como genuinos miembros de Brigadas de Respuesta Rápida en el exterior.

 Pero quizás la  discriminación más real, directa y oprobiosa la padece el cubano que al fin viaja a la isla  y que por el número de individuos que afecta no puede obviarse. En el  aeropuerto se ejerce  una presión real sobre el viajero. Se habla mas bajo, no se protesta por las arbitrariedades sufridas. Se está  a expensas del cambio de humor de los agentes de viaje, el temor a la cancelación de la partida hace presa de la mente de todos.

 Y en Cuba. La aduana. Las confiscaciones. El miedo a una fotografía, una conversación o una militancia olvidada. Una amistad "peligrosa", cualquier suceso no grato a las autoridades puede determinar ser conducido a un cuartelillo de la seguridad, ser arrestado y en el mejor de los casos deportado. Esa es Cuba, donde siempre  el ciudadano está en peligro.

 

Pedro Corzo

Mayo 2008

 

 

 

 




domingo, 11 de octubre de 2009

DOS “ENEROS” DE AMERICA: Venezuela 58 y Cuba 59

En los finales de la década del cincuenta se producen en Nuestra América dos procesos políticos violentos que tendrían como objetivo concluir la parálisis socio-política que habían impuesto dictaduras militares que interrumpieron el desarrollo evolutivo de las instituciones de Venezuela y Cuba.

 

Ambas revoluciones, denominación común para los procesos de rápido desarrollo y que no precisamente implica un progreso armonioso e integral de todos los factores participantes, disfrutaban de amplísimo apoyo ciudadano; estaban inspirados en producir las mejoras que los dos países requerían, estableciendo una sociedad justa y libre.

Lamentablemente, a pesar de que las causales que motivan estos procesos violentos eran similares, (dictadura militar, ausencia de libertades públicas, injusticia social, etc.), las proyecciones finales de estas revoluciones serían totalmente opuestas.

 

En Venezuela y Cuba participaron en las luchas contra las dictaduras todos los estratos sociales. En la república sud

americana la revolución fue colegiada, los deberes y derechos de la oposición mejor compartidos, la dirigencia rebelde siempre expresó su voluntad de someterse a una elección popular y los protagonismos que pudieron producirse se establecieron en función de necesidades coyunturales y no como expresión de toma del poder unipersonal y menos aún totalitaria.

 

En la nación isleña desde el principio se pudieron apreciar síntomas de autoritarismo, de nuevo caudillaje que culminaría en un  totalitarismo aberrante y retardatario. Para Fidel Castro existía, aparte de la dictadura, otro enemigo, y eran los que no se le sometían, los que eran genuinos luchadores por una sociedad democrática. En el proceso insurreccional siempre procuró establecerse como único y máximo líder del mismo; intentó sojuzgar, sin despreciar ningún recurso por repugnante que este fuese, a todas las fuerzas opositoras a su sola dirección.

 

Desde los albores del triunfo revolucionario desplegó contra todas las otras fuerzas revolucionarias  una fuerte campaña de descrédito; sus intentos de masificar al pueblo y convertirlo en dócil cordero, en base a su innegable magnetismo personal, fueron evidentes; el uso y abuso de un sentimiento ultra nacionalista para atraer, o en el peor de los casos neutralizar, a las personas que no pudiera dominar. La práctica de la denuncia de la ingerencia extranjera, aún antes de que estas se produjeran fue una constante; la creación de fuerzas invasoras con el propósito de exportar la Revolución, (fuerzas cubanas invadieron Panamá, Nicaragua, Haití, Rep. Dominicana) en el mismo año del triunfo revolucionario y la declaración pública de que las elecciones no eran necesarias para que el pueblo ejerciese su soberanía fueron mensajes, no precisamente cifrados, de lo distinta que serían en sus fines ambas Revoluciones.

 

La Cuba de hoy está sometida a un régimen despótico, totalitario. Sus ciudadanos no disfrutan de derechos públicos ni privados y tampoco tienen la posibilidad de lograr cambios políticos. Es una revolución anquilosada, en evolución perenne. De economía dependiente y en permanente crisis.

Venezuela tiene problemas. Algunos graves. Pero existe la posibilidad del cambio. Sus ciudadanos tienen la voluntad y posibilidad de lograr mejoras. Se practica la crítica, el rechazo, la censura al gobernante. En fin, es un país con dificultades, pero es un país con Democracia y la Democracia es perfectible.

Veamos ahora un cuadro imperfecto pero demostrativo del resultado final de ambas revoluciones de enero:

 

Cuba

- Un sólo partido político. Sus militantes gozan de autoridad indiscutible y de privilegios notorios.

- Elección sin oposición política.

- Una constitución política que institucionalmente viola los derechos humanos.

- No existe el derecho a huelga, a manifestaciones públicas de ningún tipo.

- Una economía totalmente centralizada, dirigida y administrada por el Partido y el Estado.

- Severo racionamiento alimenticio, ropa, zapatos, útiles del hogar o de recreo.

- Un ejército mercenario que prestó sus servicios en tres continentes y una policía política con autoridad ilimitada.

- No existe la autonomía universitaria; se practica la discriminación política entre quienes acceden a la educación superior y en las otras fases educativas el adoctrinamiento marxista es parte esencial.

- Un solo movimiento sindical que responde verticalmente al Partido Comunista; las organizaciones estudiantiles responden con igual verticalidad a la Juventud Comunista.

- Violación permanente y sistemática de los Derechos Humanos.

- Un millón quinientos mil exiliados. No menos de 500,000 personas han estado en prisión por motivos políticos en los últimos 35 años. Miles d

7e asesinados ante el paredón de fusilamiento. No se reconoce el derecho de los ciudadanos de entrar y salir de su país de origen libremente.

- No existe libertad de reunión ni asociación.

- Total censura de los medios de comunicación. La radio, T.V., prensa escrita, son propiedad estatal y dirigidos por el Partido.

- Los poderes públicos son dependientes del partido, y la remoción de sus funcionarios o ratificación es potestad de las autoridades partidarias.

- Un solo hombre es jefe de estado, gobierno, fuerzas armadas, planificador de la economía y secretario general del único partido político. Su autoridad es omnímoda e incuestionable.

 

Venezuela

- Existe el pluralismo político. Se hace un amplio ejercicio de la crítica entre los diversos partidos de todas las tendencias.

- Elecciones libres, con amplia oposición y dirigencia.

- Constitución independiente y soberana en todos sus enunciados.

- Las huelgas son un elemento más a usar en los conflictos sociales, al igual que las manifestaciones.

- Un libre ejercicio económico donde son determinante la oferta y la demanda.

- Un ejército soberano que existe en función de la defensa nacional.

- Existe plena autonomía universitaria. No se practica la discriminación política en las universidades y la enseñanza está completamente despolitizada.

- Varias organizaciones sindicales con la militancia política que elijan. Las organizaciones estudiantiles son libres en su práctica política.

- Se respetan los derechos del ciudadano.

- No se practica la persecución política y los ciudadanos disfrutan de absoluta libertad de movimiento.

- El ciudadano disfruta el derecho de asociarse o reunirse en las instituciones de su elección.

- Los medios de comunicación social son privados y dirigidos y orientados sin la participación del gobierno o el Estado.

- Los poderes públicos son elegidos por el pueblo y su remoción o ratificación, potestad de éste.

- El poder es compartido. Sujeto a críticas y censuras. No existe autoridad in enjuiciable. (Un presidente está sometido a juicio en este momento).

- Una política exterior independiente y práctica de la solidaridad hemisférica sin exigir compensaciones de ninguna clase.

Para concluir, como manifestación de las ventajas de la Democracia sobre cualquier otro sistema, ninguna otra expresión mejor que esta de "El Libertador" Simón Bolívar. "Sólo la Democracia es Susceptible de una Absoluta Libertad".

 

Por supuesto que esta fue la Venezuela que Hugo Chávez denomina como la Cuarta República. La Venezuela que se extingue paulatinamente según se adentra en el mar de la felicidad que prometió el Caudillo, que pretende imponer en su país un régimen semejante al de los Castro, con las variantes que demanda el presente.

 

Chávez marcha hacia el post-totalitarismo: dictadura institucional, el estado como rector de la actividad económica, libertades públicas limitadas, crispación  social y la corrupción como instrumento de control.

 

 

Diciembre 1990



Pedro Corzo



EL AMARGO ENCANTO DEL CASTRISMO


 

Es indudable la capacidad de seducción de Fidel Castro. Su figura, a pesar de anacrónica y condición de dinosaurio político, como en una ocasión le calificara Mario Soares, ex presidente de Portugal, continúa cautivando a ciertas personalidades, ya sea por debilidad mental, moral u oportunismo político.

 

Castro es cruel, despiadado e ineficiente en todo lo que no sea conservar el mando, pero sin dudas es un dictador con de convicciones, y nadie en su sano juicio se atrevería a negarlo. Conserva barba y uniforme, y aunque se ponga una guayabera, mantiene la férrea decisión de seguir aplastando a quienes se le opongan en tiempos en que el civilismo se impone y hablar de pluralismo y democracia es el ABC de cualquier político.

 

Continúa manejando con eficiencia el "heroico mito" de la insurrección guerrillera en la Sierra Maestra. Aquella gesta, su reto a los yanquis y su rápido borrar los servicios mercenarios que le prestó a la extinta Unión Soviética por más de 30 años, aún le favorecen. Castro está consciente que es la única personalidad en ejercicio político, con peso específico en el escenario mundial, que posee un historial de más de 38 años y eso, sin lugar a dudas, los resultados lo evidencian, tiene para algunos gobiernos y ciertos dirigentes un hechizo peligroso porque no se percatan que en esta ocasión la serpiente y el fakir son una sola entidad.

 

Castro y su régimen, prolongación de sí mismo por la debilidad moral de quienes puedan respaldarle en Cuba y en el extranjero, saben que particularmente en Latinoamérica muy pocos le cuestionan pública y directamente. Que no pocos dirigentes o figuras públicas sienten satisfacción al acercarse a su leyenda, por lo que es de creer que estos personajillos, también degustarían la proximidad a Hitler, Stalin o un tirano saurio Rex, revividos. Disfrutan sus desplantes y ofensas y  no se resienten ante las angustias de la nación cubana, que sufre en la caótica dictadura que le oprime.

 

El arrobamiento, el hechizo, es real. Si no, cómo explicar la no exigencia de los gobiernos de América Latina al régimen de Cuba por una genuina democratización en la isla. Cómo estos gobiernos, a los que se suman europeos, asiáticos y africanos, respaldan y auspician políticas de fuerza contra otros gobiernos dictatoriales y eximen de sus sanciones al cubano. ¿Porqué Canadá envía ayuda a Cuba y auspicia el bloqueo a Haití? ¿Cuál es la razón por la que el Secretario General saliente de la O.E.A. y su sustituto, procuran el reingreso de Cuba en la organización sin que se hayan producido cambios democráticos en ese país, a la vez que buscan   fortalecer las sanciones contra Haití?

 

Sería bueno conocer, ¿por qué los parlamentarios mejicanos donan un día de haber a Cuba y no lo hacen a los pobres de su país?, a esos que se ven obligados a cruzar a nado el río Bravo o atravesar el desierto,  para encontrar empleo al otro lado de la frontera.

¿Por qué los llamados Pastores por la Paz, no dedican un poco de sus buenos oficios en ayudar al también sufrido pueblo haitiano?

¿Cuál es la razón para que Castro asista a las Cumbres Iberoamericanas, si él no ha sido elegido democráticamente?

¿Por qué ningún gobierno de América Latina ha auspiciado censuras al régimen cubano en los foros de Derechos Humanos de Naciones Unidas?

¿Por qué el SELA, Sistema Económico Latinoamericano (27 países) pide el fin del embargo al castrismo y no hacen igual con el real bloqueo a Haití? ¿Cuál es la razón que en la Cumbre de Barbados, Primera Conferencia sobre Islas Pequeñas, se acoja a Castro y se rechace a Cedras y que en las Cumbres Iberoamericanas el tema de Cuba, una realidad política de más de tres décadas, no aparezca en la agenda oficial?

 

Por supuesto que no es justo ni racional, atribuirle a la ceguera o complicidad extranjera la longevidad de la dictadura. Los primeros responsables somos los cubanos. Los que colocaron letreros que decían "Esta es tu casa Fidel", los que corearon "¿Armas para qué?", los que exclamaron "¿Elecciones para qué?", "Si Fidel es comunista que me ponga en la lista", los que se envilecieron para ser parte del Poder, los que nunca confrontaron la dictadura y huyeron en estampida o se plegaron en rebaño; los que reniegan de sus recientes responsabilidades, desertando sin luchar por un cambio.

 

Los cubanos somos los responsables por hacer dejación de nuestros derechos y evadir responsabilidades, pero el mundo exterior -políticos, inversionistas e intelectuales- sostienen junto a quienes apoyan al dictador dentro de la isla, una farsa que hunde a la nación cubana.

 

Pedro Corzo

1995






EL AMÉRICANO FEO Y OTRAS CULPAS


Muchos de nosotros tendemos a identificar a Estados Unidos con tres fundamentos de la civilización occidental: la democracia, la economía de mercado y el desarrollo tecnológico, pero  hay otros factores  de primordial importancia que  distinguen favorablemente al pueblo estadounidense, y uno de ellos es su sentido de la solidaridad y la voluntad de ayudar a las naciones en problemas, sin que cuente el tipo de relación que en ese momento sostengan con el país en cuestión.

Otro elemento de suma importancia, y este se aprecia con particularidad en los círculos intelectuales e informativos de este país,  es no ocultar los problemas que enfrentan la nación y menos callar ante los excesos y abusos de las autoridades y las agencias gubernamentales. Hay una clara conciencia de que el gobierno hay que tenerlo a raya porque la soberanía de la nación radica en la de los individuos.

La prensa en particular y el cine en especial no reparan en abordar asuntos que en cualquier otro país se podrían considerar contrarios a la dignidad nacional o a la seguridad del estado; al extremo de que en muchas ocasiones exageran sobre los acontecimientos que informan,  y obvian la objetividad y el balance que exigen  cuando los asuntos tratados no son políticamente correcto.

El estadounidense promedio no tiene que buscar en la cinematografía o la prensa extranjera información sobre los males y defectos de Estados Unidos.  

Una de las ventajas más importantes de la democracia estadounidense es que  se puede informar sobre los acontecimientos y el que guste, por oficio o simple interés, puede modificarlos  en base a lo fecunda de su imaginación y llevarlo al cine o publicar un libro que mientras mas impugne el "establecimiento" mas posibilidades tiene de convertirse en un éxito literario o cinematográfico. 

Es improbable encontrar  un país que haya hecho más películas críticas sobre los servicios de inteligencia de Estados Unidos o que hayan filmado más pietaje sobre conspiraciones de un gobierno central contra los derechos ciudadanos, que los productores de Hollywood.

Sin remitirnos a un pasado muy remoto tenemos aquellas películas y otras publicaciones sobre Viet Nam en la que solo se reflejaban los crímenes, reales o ficticios, en que incurrían las tropas estadounidenses o las contemporáneas que muestran la actuación, por lo regular desde una óptica negativa, de las unidades militares de Estados Unidos en Irak o Afganistán.

Es un privilegio vivir en una sociedad que es capaz de mostrar abiertamente, sin tener que hacerlo a escondidas, crímenes como los que tuvieron lugar en Abu Ghraib, denunciar el traslado ilegal de prisioneros a terceros países o la ilegalidad de que un individuo en base a la voluntad de un funcionario, sea calificado como combatiente enemigo y pierda sus derechos ante la justicia y sufra el flagelo de la tortura.

No obstante los privilegios de poder acceder a una información libre y cuestionar sin restricciones, no deben tornar al ciudadano de este país en un Devorador de Pecados como refería aquella película de Brian Helgeland, en la que un sacerdote ingería los yerros del cuerpo del difunto para que este pudiera entrar al paraíso.

A veces y esto tiene visos de morbosidad, se aprecia una clara deriva a sentir culpa ajena en muchos estadounidenses que al parecer han llegado a la conclusión de que su gobierno, cualquiera que este sea, es el responsable de todos los males del planeta. Otros consideran que esta sociedad debe ser imitada a como de lugar por el resto del mundo.

Sin dudas que Estados Unidos como la nación mas poderosa del mundo tiene compromisos ineludibles, pero también es verdad  que en la mayoría de las ocasiones los primeros responsables de sus problemas son quienes los padecen y que ese responsabilidad tiene límites que no se deben violentar.

Pero retornemos a los tragadores de errores ajenos que en cierta medida no dejan de ser replicas de aquellos dos  funcionarios de la novela el "Americano Feo" de William  Lederer y Eugene Burdic, que en una embajada estadounidense en un país del sur de Asia, convencidos de la bondad  de su conducta pero embriagados de paternalismo y arrogancia no se percataban que en ocasiones con sus acciones, humillaban  a los que recibían sus dadivas, lo que generaba en muchos  individuos envidia y rencor, por la vergüenza que  engendraba la descarnada compasión de que eran objetos.

Lo paradójico de esta situación es que estos Salvadores se encuentran en todas las expresiones políticas y sociales de Estados Unidos, por lo que la honrada amistad y solidaridad de esta gran nación, no pocas veces es contaminada por la soberbia de algunos de sus actores.

No es difícil encontrar quienes afirman que la pobreza y el hambre mundial es un débito del gobierno y la clase dirigente de esta nación; que América Latina padece el flagelo del populismo porque la Casa Blanca la ha abandonado y que existe la obligación de llevar la democracia a los países del mundo Árabe aunque haya que hacer la guerra con la dolorosas consecuencias de un conflicto.

En fin, para los comedores de Pecado el genocidio de Darfur es culpa de Washington, el deterioro ambiental única responsabilidad de Estados Unidos y es obligación de este país resolver todos los problemas aunque los beneficiados lo rechacen. Ese paternalismo es tan nefasto como la indiferencia, porque genera envidias y animosidades.

Todo a la medida, y no se puede decir que sin las ambiciones de ser Dios, porque hay quienes hasta se resienten  del Poder de Dios.

 

Septiembre 2009.



Pedro Corzo



Elecciones en Honduras, Sí.


 Para los que en la Cuba de 1959, mas que escuchar sintieron con  pesar  la consigna Elecciones para qué, no les queda duda que la mejor solución que se puede encontrar a la  situación interna e internacional que enfrenta Honduras desde el 28 de junio del presente año,  es la celebración de comicios en los que el Pueblo pueda elegir sin restricciones un nuevo gobierno.

Algunas de las reacciones internacionales ante los sucesos hondureños no tienen respuesta, pero lo más inexplicable es el rechazo a que la crisis encuentre solución en los comicios del próximo 28 de noviembre, pautados bajo el gobierno de Manuel Zelaya,  en las que en elecciones plurales, debidamente verificadas y observadas,  la ciudadanía pueda elegir sus nuevos gobernantes.

Los gobiernos democráticos del hemisferio siempre han propugnado que las crisis de sus vecinos se resuelvan con elecciones, de ahí que cualquier observador imparcial se sienta confundido ante el rechazo de la Organización de Estados Americanos y varios de los países más importantes del hemisferio, a unos comicios que puedan ser observado por instancias internacionales.

La OEA demandó en su momento que el dictador Augusto Pinochet realizara elecciones en Chile y otro tanto le exigió a las  Juntas Militares de Argentina, Brasil y Uruguay. La legitimidad de Michelle Bachelet, Cristina Fernández, Luiz Inacio Lula Da Silva y de Tabaré Vázquez, parte de las elecciones que convocaron y permitieron militares de dictaduras sangrientas, que no tienen semejanza alguna con el gobierno de Roberto Micheletti en Honduras.

Es cierto que el voto, aun el mas libre y plural,  no resuelve por completo los problemas de la sociedad moderna, ya que se ha demostrado hasta la saciedad que pueden ser manipulado por los factores del poder, del tinte que estos sean, de ahí la importancia de una institucionalidad fuerte, de una sociedad civil organizada, consciente de sus derechos y deberes.

El sufragio secreto y directo, a pesar de no ser perfecto,  sigue siendo el mejor instrumento conocido para elegir a nuestros gobernantes.

Lo que ocurrió en Honduras es complejo. Difícil de enmarcar en el clásico golpe de estado porque los militares no gobiernan, no se ha creado una nefasta Junta de Gobierno, los poderes legislativos y judicial están en funciones, al igual que el Poder Electoral. Las limitaciones al derecho publico solo se manifiesta cuando se altera de forma critica la gobernabilidad,  facultad de la que disfrutan todos los  gobiernos del mundo.

Por supuesto que deponer un presidente legítimamente electo no puede ser visto con buena voluntad, pero también se deben tener en cuenta las condiciones en que ocurrieron los hechos, las causas que lo motivaron y la situación política posterior a la defenestración del mandatario en cuestión.

No hay dudas que el derrocamiento de Zelaya pudo haber sido más formal y que se violentaron sus derechos ciudadanos cuando fue sacado a la fuerza del país, pero  los otros poderes del estado afirman que no se violentó la constitución con su separación, porque se cumplieron todos los requerimientos legales para una decisión tan extrema.

Es evidente que países como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua han reaccionado más por motivos ideológicos y de alianzas políticas, que por respeto a la legalidad.

Hugo Chávez  ha impuesto en su país una dictadura institucional e intenta aplastar a los opositores recurriendo a artimañas legales. Rafael Correa pretende controlar la prensa y manipuló el congreso y lo ajustó, según lo han acusado sectores de su país, a su conveniencia. Evo Morales es un déspota que se pasea por el racismo más radical. Daniel Ortega sigue siendo un dictador capaz de robarse cualquier elección, como hizo con las municipales de noviembre del pasado año.

Otros gobiernos que lideran el rechazo al gobierno provisional hondureño son los de Argentina y Brasil. En Buenos Aires el gobierno de los Kichtner es producto de una sucesión electoral que busca perpetuarse en el poder, a la vez que trata de imponer una ley de prensa que limita la libertad de expresión.

Brasil es  caso aparte. Luís Inacio Lula da Silva, mas allá de las ideas políticas que abriga,  representa los intereses de un estado que tiene toda las posibilidades  de convertirse en una gran potencia, y en su momento rivalizar en algunos campos con Estados Unidos.

La reacción inicial de la Organización de Estados Americanos contra el derrocamiento de Manuel Zelaya se corresponde con el espíritu de la entidad, pero la ingerencia abusiva del Secretario General y del organismo como tal en el diferendo hondureño, violenta la autoridad del país centroamericano y falta a los muy proclamados principios de No Intervención y Soberanía de los Pueblos, tan defendidos por la izquierda política del hemisferio cuando conviene a sus intereses, ya que en esta ocasión ha reclamado la intervención de Estados Unidos.

Es evidente que la reacción de la OEA esta influenciada por el pensamiento político de José Miguel Insulza y el control que ejerce el presidente Hugo Chávez, gracias a su diplomacia del petróleo,  sobre al menos 20 de los países miembros del Consejo Permanente de la institución. También se aprecia que organizaciones como UNASUR y el ALBA, están afectando seriamente el desempeño de la OEA porque nunca en sus 61 años, había asumido un rol tan militante a favor de la solución de un conflicto.

Todo parece indicar que el firme apoyo que la mayoría de los hondureños prestan al gobierno de Roberto Micheletti, la clara ingerencia de Hugo Chávez en el país centroamericano y la operación de permitir el ingreso de Manuel Zelaya a la embajada de Brasil, después de haber estado en el exterior en  la víspera de la Asamblea General de Naciones Unidas, ha permitido que algunos gobiernos miembros de la OEA, contemplen mas reflexivamente lo que parece ser, como afirman algunos analistas, una conspiración de gobiernos a favor de un aliado en desgracia.

De la crisis se pueden sacar, en la opinión de varios analistas, al menos dos conclusiones importantes.

Para muchos especialistas en temas latinoamericanos, esta es la primera vez que Estados Unidos no tiene un rol protagónico en la solución de un conflicto  hemisférico,  y como si fuera poco, su conducta ante la situación hondureña no satisface a ninguna de las partes involucradas en el problema.

Por otra parte la firmeza de las convicciones de quienes derrocaron a Manuel Zelaya está dando frutos. El viejo proverbio "La fuerza invita al diálogo y el diálogo a las concesiones",  se demostró cuando Insulza "El Soberbio", que había rechazado una entrevista con Michelleti a pesar de que este había sido designado Presidente por los otros dos poderes del estado, tuvo que aceptar sostener un encuentro con el mandatario provisional en una base militar, porque se percató que para negociar tenía que hablar con quien contaba con mas apoyo popular y que también controlaba el poder político.

El pueblo hondureño y sus dirigentes han soportado el aislamiento que quieren imponerle sus pares de América Latina, Estados Unidos y la Unión Europea. Honduras rechaza la intromisión en sus asuntos internos y sin falso pudor, reclama darse el gobierno que satisfaga sus aspiraciones ciudadanas.

Si todos los pueblos y sus líderes actuaran así, no habría espacio para dictadores por hermosas que fueran sus promesas.



Pedro Corzo
Octubre 2009


El Caos como herramienta para alcanzar el poder


En los últimos años una reducida vanguardia plenamente consciente de sus propósitos ha logrado generar en varios países de nuestro hemisferio un clima de crisis permanente con el único objetivo de derrocar gobiernos legítimamente electos.

Esta vanguardia, representativa de una minoría activa y bulliciosa,  capaz de realizar premeditados y calculados actos de violencia a los que los gobiernos suministran las necesarias víctimas  ha sido efectiva porque ha tenido éxito en sus pretensiones. Ejemplos frescos en la memoria son la caída de Lucio Gutiérrez en el Ecuador,  y del presidente boliviano Carlos Mesa, que había sustituido por las mismas  circunstancias que causaron su derrocamiento, a su predecesor Gonzalo Sánchez de Losada.

El Caos político-social no se produce por generación espontánea, aunque si se origina por lo regular en sociedades donde la injusticia y la corrupción tienen una fuerte presencia. Sin embargo, la desestabilización como instrumento para la toma del poder no es posible sin la participación de agrupaciones socio-políticas que tengan objetivos definidos,  y sin un sector de la sociedad con conciencia de los abusos que ha padecido. Por supuesto, una condición, no imprescindible, es que exista un mínimo de estado de derecho, ya que esto hace más probable el éxito de la desestabilización.

El primer paso público del Caos es  exacerbar  la crisis existente, y de esta no existir generarla, para  poder proponer una cirugía social profunda que cambie el gobierno, se establezca una nueva constitución y se constituya  un Estado Benefactor donde los derechos del individuo desaparezcan en aras del bienestar común.

En cierta medida la estrategia  del Caos para poder acceder al poder sin tener que recurrir a cruentas revoluciones o golpes de estado, son consecuencia de las experiencias adquiridas por grupos históricamente vinculados a procesos desestabilizadores que en el presente consideran que los tiempos son mandatarios en lo que respecta  tomar el poder sin recurrir a una violencia  devastadora. Por supuesto, que a esos  reciclados robles de la subversión se han sumado pinos nuevos que continúan defendiendo las viejas ideas de sus progenitores ideológicos.

Proclamar  que la  clase dirigente en la conducción del gobierno, el estado  y la economía son los  responsables de  los problemas de la sociedad y el individuo, es parte importante de la receta. A partir de esos postulados públicos se empieza la generación de la anarquía social. Se organizan marchas populares, se accionan los movimientos sociales de una forma gradual pero articulada, las huelgas paralizan la economía, la anarquía se apodera del país hasta que se produzca  un agotamiento en  la sociedad civil que demande una solución al diferendo,  aunque sea violando el estado de derecho.

Los generadores del caos usan la masa como instrumento, por eso una vanguardia plenamente identificada y con recursos suficientes para mantener  profesionales de la desestabilización en constante actividad, ha demostrado obtener mejores resultados que las bombas, secuestros, o una hueste de barbudos cargando el legendario Ak-47.

La subversión y la lucha guerrillera devinieron en métodos ineficientes. Los secuestros políticos, los asesinatos políticos, el terrorismo callejero que por años patrocinó La Habana fracasaron como métodos para la toma del poder. En cierta medida es  paradójico que las fórmulas  de acción social que el régimen cubano demonizó en los años 60 y 70 y que promovían los viejos partidos comunistas latinoamericanos al aderezarse  con ciertos toques de violencia,  hayan sido mas efectivas que las que impulsaba Ernesto Guevara  de "el odio como máquina de matar y los cánticos de ametralladoras".

Por supuesto que el odio que pregonaba  Guevara y la disposición a la violencia no han desaparecido de la agenda de los viejos y nuevos promotores del mundo perfecto. Los métodos son transitorios y se usan mientras rindan los apetecidos frutos. La lucha de clases por el momento  no es el factor primario, pero sí la pobreza, el nacionalismo mas radical y el indigenismo,  si el país en cuestión lo posibilita.

El ataque sistemático a todas las estructuras del estado y del gobierno, la aniquilación moral de todas las figuras públicas representativas del orden establecido y la destrucción de los partidos políticos y entidades de la sociedad civil que no sean compatibles, son parte de la misión redentora de los nuevos iluminados.

Estos individuos que indudablemente son "políticamente correctos" y que actúan atendiendo a las normas de los tiempos, no son remisos en cambiar las formas de gobierno existentes para asumir en un nuevo marco constitucional el poder que consideran les pertenecen por completo e indefinidamente. Los que no respetaron la Constitución que usaron para la toma del poder, elaboran una nueva a  imagen y semejanza de sus intereses de perennidad y diseñan pautas institucionales que hagan inconstitucional cualquier gestión contestataria. El presidente Hugo Chávez, Venezuela, se apresuró en elaborar una nueva Carta Magna  y según declaraciones, el flamante presidente de Bolivia, Evo Morales, tiene las mismas intenciones.

La propuesta que promueven los  gestores del Caos es siempre Populista. Promesa de un mundo perfecto, la concesión de  infinidad de derechos y la ausencia de responsabilidades. Por otra parte garantizan el pleno empleo y en ausencia de éste, un estado paternalista que sufrague sueños y aspiraciones. El populismo no solo esta orientado a las clases mas desposeídas, también, aunque en una medida menor, favorece al sector productivo de la sociedad  hasta que las riquezas acumuladas empiezan a desaparecer y se socializa la pobreza. Otra constante  es impulsar sentimientos ultra nacionalistas, y rechazar todo lo que proviene del exterior  aunque tal acción sea perjudicial a los intereses más genuinos de la nación.
Adalides del Populismo Latinoamericano fueron en el  siglo pasado el argentino Juan Domingo Perón y el brasileño Getulio Vargas, también hay antecedentes de militares populistas como Juan Velasco Alvarado en Perú y Omar Torrijos en Panamá, sin olvidar a Fulgencio Batista, un sargento que llegó al poder usando fórmulas heterodoxas, en particular ofreciendo  a los soldados del ejército cubano mejores condiciones de vida y aliándose con el Partido Comunista.
El Populismo afirma que la pobreza termina cuando se redistribuye la riqueza, sin embargo  es un fenómeno [1]netamente político  porque su objetivo central es la toma del poder.  El discurso del caudillo de turno de cualquier país del hemisferio es incendiario, apocalíptico en lo que respecta a la sociedad presente y absolutamente promisorio a la sociedad del futuro. 

El populismo es una de las herramientas preferidas de cualquier proyecto político que se fundamente en el autoritarismo o el totalitarismo, por eso los que aplican el "caos" como herramienta para llegar al poder lo promueven en todas las instancias. Le sirve tanto a  fascista como a  comunistas, o a cualquier corriente ideológica que se sostenga en la uniformidad y la unanimidad. El populismo es intrínsecamente antidemocrático, no entiende de división de poderes ni de relevo de mando, aunque si puede utilizar los procesos electorales como métodos para llegar al poder con legitimidad.  No hay disenso.

Pero también es cierto que el populismo demanda un liderazgo fuerte, de un caudillo capaz de cautivar una clientela política que pueda usar como instrumento contra aliados circunstanciales o enemigos declarados. El líder populista es mesiánico, todo lo sabe  y tiene soluciones para todos los problemas. Dice interpretar la voluntad de las masas lo que le permite violar los derechos ciudadanos.

Pedro Corzo

Diciembre 2006