jueves, 4 de febrero de 2010

Ramiro Valdés Menéndez: La Oscuridad

 

Cuando se estudien las personalidades de la Revolución Cubana, Ramiro Valdés ocupará un lugar destacado entre las cinco primeras figuras de un proceso cruento y doloroso que ha marcado indeleblemente a la nación cubana.

 

Antes de la experiencia de la Sierra Maestra, participó con los Castro en el ataque al cuartel Moncada y en la expedición del yate Granma y como contaba con la absoluta confianza de Fidel Castro, fue el que organizó los servicios de inteligencia en la Sierra Maestra, al igual que Manuel Piñeiro en el Segundo Frente Oriental.

 

El diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y ex-miembro del Buró Político (1986), fue segundo jefe de la Columna 8 "Ciro Redondo", que comandó Ernesto Guevara. De  1961 a 1969 ocupó la posición de Ministro del Interior, cargo que retomó en 1978 hasta 1985, cuando fue reemplazado por orden de Raúl Castro por uno de sus viceministros, el general José Abrantes. Este último murió misteriosamente en prisión, donde cumplía una condena por haber estado supuestamente involucrado en actividades delictivas.

 

El comandante Jaime Costa, que fuera amigo de la infancia de Ramiro Valdés, refiere que en México, Valdés estaba al frente de la seguridad y que a los pocos días del triunfo de la Revolución,  Fidel Castro le asignó las mismas funciones. Dice Costa que en abril del 59, especialistas de la KGB que hablaban español, ingresaron a Cuba gracias al permiso que concedió Ramiro Valdés.

 

Afirma Costa que Valdés, al igual que Raúl Castro y otros dirigentes de la revolución, estuvieron involucrados en la muerte de Camilo Cienfuegos y que Valdés asistió a Guevara en algunos de los fusilamientos que se produjeron en La Cabaña. Costa fue  testigo de una conversación en la que Guevara y Ramiro comentaban sobre la necesidad de ejecutar a la mayor brevedad a unos policías del régimen de Fulgencio Batista porque eso fortalecería a la Revolución.

 

Valdés desde la constitución del Ministerio del Interior,  estableció una estrecha colaboración con sus pares del extinto bloque soviético que duró hasta la caída del Muro de Berlín y en algunos casos por varios años más. Documentos archivados en la Stassi, policía política de la RDA, testimonian la estrecha cooperación entre las fuerzas represivas y los suministros de diferentes clases que la entidad represiva germana  enviaba a sus homólogos de La Habana. Igual relación existía con la KGB, soviética.

 

Dariel "Benigno" Alarcón, de la tropa de Camilo Cienfuegos -estuvo con Guevara en Bolivia- conoció a Valdés en la Sierra Maestra cuando este era  teniente. Recuerda que era muy próximo a Fidel Castro, con quien era muy servil y adulador,  aunque con los demás, al no ser que fueran oficiales superiores,  era déspota y grosero. Dice que otro aspecto a destacar del carácter de Ramiro era su disposición a juzgar y ejecutar a las personas acusadas de ser delatores o por simples diferencias con el alto mando,  pasión que compartía con Ernesto Guevara.

 

Valdés instituyó en Cuba la vigilancia contra el ciudadano común,  pero también contra los altos jerarcas del régimen. No había diplomático, funcionario, empresario o personalidad extranjera,  que no fuera espiado en la isla. Otro aspecto importante en los predios de Valdés cuando dirigió el MININT,  fue la corrupción en la que el ministro se llevaba la palma, pues tenía hasta un cocinero particular entre otra infinidad de detalles millonarios que caracterizan la vida de los grandes jerarcas cubanos.

 

Dice Alarcón que Valdés participó directa o indirectamente en muchas de las operaciones que se realizaron en el exterior y que el MININT desarrolló su propio aparato de subversión y espionaje internacional cuando constituyó la Dirección General de Inteligencia (DGI) que competía con el Departamento América que dirigía Manuel Piñeiro Losada.

 

Entre el Departamento América y la Dirección General de Inteligencia o DGI, que comandaba Valdés, había una gran animosidad, al extremo que no existía colaboración entre las dependencias. Valdés opinaba que si ya había una oficina a cargo del espionaje internacional, la suya,  no era necesario crear otra que cumpliera deberes similares en América, donde también operaba su oficina de espionaje y subversión.

 

Es importante destacar que el actual Vicepresidente del Consejo de Ministros y  Vicepresidente del Consejo de Estado de Cuba, fue el brazo ejecutor de la subversión castrista en el hemisferio. Las incursiones de los sicarios de la revolución cubana en Venezuela, Bolivia, Colombia y el resto de los países del continente contaron con la asesoría de Valdés.

 

Dice Dariel Alarcón que los documentos falsificados con los que operaban los subversivos en el hemisferio se hacían en las oficinas del ministro Valdés. De allí  salían los pasaportes o cualquier otro tipo de identificación que requiriesen los espías o sediciosos. También eran oficiales bajo el mando de Valdés los que entrenaban a los insurrectos en el aspecto militar, pero también  como agentes de espionaje o seguridad. Los futuros cuadros insurrectos entre los que se contaban chilenos, venezolanos, peruanos, brasileños y argentinos, entre otros,  eran preparados para soportar los más duros interrogatorios en caso de que fueran capturados. En estos simulacros se usaban los métodos que practica la INTERPOL.

 

A las pocas semanas del triunfo de la insurrección y después de haber ejercido como Jefe Militar de la provincia de Las Villas, Ramiro Valdés asumió la dirección del Departamento de Investigaciones del Ejército Rebelde (DIER), una fuerza policial que se especializó en reprimir brutalmente a las organizaciones clandestinas y guerrilleras que confrontaron al nuevo régimen desde el propio año 1959; el "Departamento", como se conoció, fue una especie de embrión de lo que sería el Departamento de Seguridad del Estado, un organismo que llevó a prisión a más de medio millón de hombres y mujeres, y ejecutó a cerca de seis mil personas. A excepción de Valeriano Weyler, ningún otro individuo en la historia de Cuba ha sido responsable directo de tantos actos de maldad y crímenes como "Ramirito".

 

El comandante de la Sierra Maestra, Húber Matos, coincide con Alarcón en que Ramiro tenía la triste fama de ser un represor aún desde la época de la insurrección. También comparte la opinión de que Ramiro Valdés era muy dependiente de Fidel y Ernesto Guevara. Matos cuenta que durante su arresto en Camagüey, Valdés le apuntaba con una pistola constantemente y que fue quien lo condujo a la capital.

 

Por años Ramiro Valdés, por estar al frente de la policía política, fue mas temido que Raúl Castro. La participación de sus hombres como instructores, interrogadores y combatientes en la lucha contra los que enfrentaban al totalitarismo le confirió una triste popularidad. Las redadas, condenas y ejecuciones estaban a cargo de los "Ramiritos" como los califica Dariel Alarcón. Por otra parte señala Ricardo Bofill que viejos comunistas con un historial de violencia y asesinatos como Isidoro Malmierca y Osvaldo Sánchez, se incorporaron al MININT y que las informaciones sobre actividades políticas de determinados ciudadanos que había logrado acumular el Partido Socialista Popular en sus años de existencia, fueron entregadas a Valdés.

 

Para Carlos Franquí, Ramiro Valdés, por su incultura y vocación a la represión fue el hombre que escogió Fidel Castro como jefe de las fuerzas policíacas que fueron transformadas en  aparato de seguridad nacional. Valdés aplicó las instrucciones que los agentes en Cuba de la KGB, los ya referidos Oswaldo Sánchez e Isidoro Malmierca, le impartieron con la asistencia de los agentes hispanos soviéticos que en el mismo año 59 había enviado Moscú a La Habana.

 

Los agentes de Ramiro actuaron con plena impunidad y desconociendo los más elementales derechos ciudadanos. Ejecutaban redadas de miles de personas sin que mediara una actuación judicial Se calcula que en los días de Playa Girón fueron arrestados y confinados en campos deportivos, escuelas y clubes sociales más de 250,000 personas porque las cárceles estaban abarrotadas. Es importante tener presente que en 1960 y años subsiguientes, el ministro Valdés forzó el desplazamiento a cientos de kilómetros de sus hogares y lugares de trabajo, a miles de campesinos generando así los tristemente célebres "Pueblos Cautivos".

 

La Seguridad del Estado o G-2 que dirigió Valdés, tenía licencia para arrestar y matar, condenar sin juicios y fusilar sin pruebas. No faltaron masacres como la de "La Ceiba", Escambray, donde fueron ejecutados con una  ametralladora calibre 30, 19 hombres. Para el ministro y sus discípulos la convicción de que un indiciado era culpable  hacía posible cualquier  condena. Ramiro creó  campos de concentración en todo el país, "La Sierrita", "Arroyo Blanco", "El Condado", etc, estas instalaciones fueron creadas  en  zonas rurales y quienes más la sufrieron fueron los campesinos.

 

Manuel de Beunza trabajó como oficial de Inteligencia Naval en el ministerio del Interior y conoció a Valdés desde que era un adolescente porque su familia residía cerca de la casa de Germán Pérez, jefe de los escoltas del ministro  que al igual que otros altos funcionarios del régimen disfrutaba de una casa de campo en la que se celebraban fiestas con relativa frecuencia.

 

De Beunza describe el carácter de Valdés como el de un hombre amargado, distante, prepotente y de muy pocas palabras y para dar una visión más apropiada de su carácter cuenta dos anécdotas:

En una ocasión en la que el  destacado cantautor  cubano, Ignacio Villa, "Bola de Nieve" daba un concierto en un acto oficial, el funcionario a cargo de la actividad se  acercó a Valdés para decirle que "Bola de Nieve"  quería conocerle, a lo que el ministro con la homofobia que caracteriza a los jerarcas de la Revolución contestó que a él no le interesaba,  porque  no quería conocer a inmorales.

 

La otra anécdota ocurrió a finales de la década del 70,  cuando Ramiro Valdés asumía por segunda vez el ministerio del Interior. El  Ministro promovió unas asambleas en las que los oficiales del MININT eran instados a hablar con plena libertad, incluyendo críticas al propio Ministro, con la garantía de que no se tomarían represalias. Los que  se atrevieron a ejercer el derecho que les había sido concedido fueron reprimidos y muchos sancionados. Cuenta de Beunza que estaba presente cuando  Valdés  le dijo a un individuo que quería dejarse la barba y el bigote, que el único que podía hacerlo era él porque era el ministro del Interior.

 

Otro detalle del carácter de Ramiro Valdés que destaca  de Beunza, es su sadismo. Dice que gustaba visitar las prisiones, en particular las menos conocidas como las del Departamento Técnico de Investigaciones donde un hombre podía estar siete u ocho meses sin haber sido presentado ante un juez o un abogado. Estas visitas las disfrutaba y comentaba como si fuera una hazaña tener hombres encerrados sin derecho a un juicio. Otra particularidad de Valdés es que disfruta que le teman. Aprecia que la gente sienta miedo por su sola presencia.

 

Ramiro Valdés era el verdugo más temido y conocido de la isla pero también era un individuo capaz de crear condiciones para fundar corporaciones fraudulentas en países extranjeros con el fin de que el régimen pudiese violar el embargo estadounidense, Fue con ese objetivo que se fundó el Departamento M.C., un cuerpo adscrito a la Inteligencia Naval, dentro de la Dirección General del Inteligencia (DGI). M.C. era dirigido por el coronel Antonio de la Guardia, fusilado junto al general Arnaldo Ochoa por supuesto tráfico de narcóticos.

 

Valdés fue el que instrumentó las condiciones para que bancos suizos se involucraran en  actividades económicas de la dictadura cubana. La estructura de inteligencia que creo Valdés fue el artífice del lavado de dinero por lo que varios bancos han sido sancionados en los últimos años.

 

Según de Beunza muchas de las empresas que fundó el ministerio que dirigió Valdés se vincularon con el narcotráfico, lo que incidió en el crecimiento del capital de esas entidades. Dice de Beunza, que estas entidades estaban administradas por cubanos que disfrutaban de una especial confianza del régimen, al extremo que residían en el exterior con su familia y manejaban importantes sumas de dinero.

 

Por otra parte de Beunza afirma que la época dorada de estas corporaciones, algunas de ellas, sino todas, vinculadas estrechamente al tráfico de estupefacientes, tuvo lugar en el periodo en el que José Abrantes estuvo al frente del Ministerio del Interior, porque Ramiro disfrutaba más el papel de policía represor que el de administrador general de corporaciones que generaban riquezas.

 

Pero sin duda alguna, Ramiro Valdés era el individuo que tenía el poder de confinar a hombres y mujeres en sitios insalubres por el tiempo que decidiera el investigador encargado del caso. Bajo Ramiro se introdujeron en los interrogatorios torturas muy sofisticadas como la aplicación del pentotal sódico, cambios de temperaturas, aislamiento prolongado y métodos sicológicos muy agresivos para desestabilizar al preso, entre ellos el electroshock, pero también se continuaron aplicando golpizas brutales y el lanzar atado a lagunas y pantanos  a personas arrestadas hasta lograr sus declaraciones.

 

Ramiro Valdés fue quien aplicó las órdenes de Fidel Castro de destituir y encarcelar a los dirigentes sindicales que en su mayoría habían sido miembros destacados del Movimiento 26 de Julio. Fue uno de los artífices, junto a Ernesto Guevara, de la llamada "Operación de las Tres P", en la que fueron arrestados y enviados a campos de trabajos forzados, sin que mediara un proceso judicial, pederastas, prostitutas y proxenetas y cualquier otro individuo que fuera considerado ajeno al proceso revolucionario.

 

Años más tarde colaboró estrechamente con el Ministerio de las Fuerzas Armadas para poner en función las sádicas Unidades Militares de Ayuda a la Producción, UMAP, una de las pocas ocasiones en las que Raúl Castro y Valdés superaron sus diferencias y trabajaron juntos. Esta dependencia era la encargada de investigar y determinar, así como ubicar el lugar de residencia, trabajo o estudio de todos aquellos individuos considerados CR, o sea contrarrevolucionarios. Posteriormente las Fuerzas Armadas llamaban al individuo a servicio y lo situaban  en el lugar que más les convenía.

 

Las condiciones carcelarias bajo la dirección de Valdés no solo eran difíciles sino que podían generar un genocidio, si en el país se producía alguna circunstancia que pudiera poner en peligro la permanencia del régimen. El ministro tomó todas las medidas necesarias para lograr ese objetivo y el ejemplo más contundente fue lo que aconteció en el Reclusorio Nacional para Varones de Isla de Pinos,  cuando miles de libras de TNT fueron colocadas en los túneles de las cuatro circulares y el comedor, que también es un edificio circular,  con la orden de hacer detonar los explosivos si se producía una sublevación o un ataque del exterior.  Durante más de 20 meses cinco mil presos políticos durmieron sobre un virtual colchón de explosivos.

 

El ex oficial de Inteligencia naval, Manuel de Beunza, opina que la primera vez que removieron a Ramiro Valdés de su alto cargo fue consecuencia de una decisión de Fidel Castro que aparentemente quería cambiar en alguna medida la imagen que tenía en el país el Ministerio del Interior, pero como la persona que nombraron, el comandante Sergio del Valle, demostró no estar capacitado para tan compleja posición en un régimen policíaco, Ramiro tuvo que regresar a su oficio predilecto, la represión. 

 

La segunda vez que destituyeron  a Valdés fue por decisión de Raúl Castro, que en su condición de Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba, tenía autoridad para decidirlo, siempre y cuando la medida contara con el respaldo de Fidel.

 

Varios fueron los factores que determinaron que Valdés fuera sustituido por segunda vez. Entre los aspectos a tener en cuenta están: la vieja rivalidad entre los comandantes, celos entre los respectivos mandos, los Servicios de Inteligencia no rendían informes a Raúl, sólo a Fidel, más el hecho de que la vida privada de Valdés no era vista con agrado por la mayoría de los comandantes que fingían ser unos puritanos. Ramiro se había casado con una mujer mucho más joven, tenía una casa amurallada y otros muchos lujos que solo son considerado como negativos por la alta jerarquía cuando quieren sacar del gobierno a un alto funcionario. Junto a su destitución del Ministerio, también fue separado del Buró Político del Partido Comunista de Cuba.

 

Según los que conocen del caso Raúl Castro dispuso extremas medidas de seguridad para poderse defenderse por si Ramiro Valdés reaccionaba violentamente por su destitución. El ministro del Interior recibió el pedido de que fuera al despacho de Raúl Castro en el  ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. El actual  jefe del estado cubano situó a su coronel jefe de ayudantía en un lugar de la oficina con una pistola lista para hacer fuego en caso de que Ramiro intentara agredirle, lo que no fue necesario porque el temible ministro se desmoronó moral y físicamente ante su antiguo compañero de armas cuando le fue dada la orden de abandonar su puesto.

 

El dos veces ministro del Interior cubano es el símbolo de la represión y de los períodos más oscuros de la Revolución Cubana, al extremo que según Alcibíades Hidalgo, quien fuera asistente directo de Raúl Castro, el nada tolerante Raúl usó como uno de los argumentos para desplazar a Valdés del ministerio,  la gran cantidad de presos que había en Cuba en el momento de su deposición.

 

Según Hidalgo, el alto número de encarcelados había generado cierto malestar en la cúpula gobernante, pero en su opinión lo que primaba era el temor que todos los dirigentes de la revolución sentían ante el espionaje que ejercían los hombres de Ramiro Valdés.  Todos los dirigentes del Revolución eran conscientes que la maldad de Valdés solo se detenía ante la oficina de Fidel Castro.  

 

Ramiro Valdés  tiene otras credenciales que pocos dirigentes de la Revolución pueden mostrar, al extremo que no es de dudar que si Raúl no fuese el hermano de Fidel Castro,  el hubiera sido el designado como  "Sucesor" del comandante en Jefe. Valdés, ostenta el supremo honor de ser comandante de la "Revolución" junto a Guillermo García y Juan Almeida, recientemente fallecido. Fue Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros y Viceministro Primero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Cuando se fundó el Partido Unido de Revolución Socialista de Cuba, al igual que en la posterior constitución del Partido Comunista, ocupó posiciones importantes. En 1971 fue designado jefe del sector de la Construcción y a mediados de la década del 90, nombrado Presidente del Grupo Industrial para la Electrónica del Ministerio de la Industria Sideromecánica.

 

En el momento de pasar a ocupar el puesto de ministro en el gabinete provisional de Raúl, Valdés dirigía una empresa especializada en electrónica,  Copextel, que negocia con moneda convertible en un monto superior a los 450 millones de dólares. Su oficina tiene despachos en países de varios continentes, y muchos observadores afirman que su gestión ha sido más exitosa que la de otras empresas del gobierno de Cuba que son mas conocidas.

 

Su intensa y extensa participación en actividades de investigación y represión le hacen el funcionario cubano con más experiencia en un campo de extrema importancia en un régimen totalitario, por eso algunos analistas plantean que  aunque su incorporación al gobierno de "Sucesión" puede ser un gesto de unidad, es también un mensaje de que hay una mano dura, un aviso a los descontentos de adentro y de afuera de que el viejo sabueso puede volver a morder.

 

Especulación aparte hay una verdad histórica que no se puede obviar, Valdés por encima de todas las diferencias que pueda haber tenido con Raúl, ha demostrado ser fiel a Fidel y al Proyecto que este representa, aunque algunos dicen que la dinastía de los Castros vería con agrado  que "Ramirito"  tuviera el final, feliz para sus intereses, de Guevara o Camilo Cienfuegos.

 

Los funcionarios del Minint y  los agentes del G-2, Seguridad del Estado, eran una élite dentro del régimen. Disfrutaban de prerrogativas y privilegios que jerarcas de otras estructuras gubernamentales no tenían. Un oficial del G-2 era mucho más importante que su par en las Fuerzas Armadas, por otra parte la condición de sacerdote del totalitarismo les permitía intimidar, detener y eliminar a cualquier hereje sin mayores consecuencias,  y ese es el verdadero poder en un  régimen como el de los Castro.

 

Dariel "Benigno" Alarcón describe en su libro, "Memorias de un soldado cubano", un confuso incidente  en el que un escolta de Fidel Castro fue asesinado de un disparo realizado desde una de las oficinas de la corporación que dirigía Ramiro Valdés. Cuenta que se hizo una exhaustiva investigación y que a los cuatro o cinco días Ramiro fue sacado del Comité Central y enviado para su casa.  Alarcón dice que este incidente nunca fue aclarado por temor a repetir un proceso como el de Ochoa, y pone como ejemplo que a pesar de haber muchos involucrados en el "Caso Aldana" nunca se ha ventilado lo que hubo detrás de su destitución.

 

Sobre las relaciones entre el Ministro del Interior y su homólogo del Ministerio de las Fuerzas Armadas, de  Beunza apunta que eran muy tensas por muchas razones:

las tensiones se habían originado en la Sierra Maestra cuando Valdés estaba bajo el mando de Guevara, pero se agriaron más por la estrecha relación que existía entre Fidel Castro y Ramiro, quien  controlaba un organismo que contaba con una  fuerza numerosa, bien entrenada y mejor armada en la capital de la isla que las que tenía bajo su mando el mismo Raúl Castro. Por otra parte a pocos pasos de la casa del Comandante en Jefe, Fidel Castro, estaba el destacamento principal de las Fuerzas Especiales que controlaba Valdés.

 

Alcibíades Hidalgo, quien como hemos referido fue asistente personal de Raúl Castro, considera que las diferencias entre Raúl  y Ramiro Valdés son muy grandes y que sin dudas este último ha sido su  más consistente y sólido rival desde que triunfó la insurrección. Señala que a Raúl le molestaba que el Ministro del Interior despachara directamente con Fidel Castro y que contrario a lo que ocurría en la extinta Unión Soviética, tuviera control sobre el Poder Judicial y que su autoridad se extendiera a cuerpos como la Policía Nacional Revolucionaria.

 

Dice Hidalgo,  que la competencia entre los dos era muy fuerte, no solo porque dirigían los cuerpos armados más importantes del país, sino también porque Valdés incursionaba en asuntos que eran de estricta competencia del Partido Comunista de Cuba, según opinaba Raúl, el Segundo Secretario de la organización. Valdés también establecía contactos  directos con las autoridades moscovitas, y de otros países del área socialista  para los asuntos concernientes con su ministerio.

 

Sin embargo algunos analistas consideran que por razones de supervivencia las posibles diferencias entre Raúl y Ramiro pueden haber venido a menos ante la necesidad de conservar el poder, que ha sido en definitiva lo que les ha importado a través de los años. La realidad, según ellos,  es que estos dos hombres que fundaron y dirigieron por años los cuerpos armados del totalitarismo están comprometidos en la continuidad del régimen,  y agregan que uno y otro están bajo la presión de otros dirigentes que consideran que una ruptura entre ambas partes daría con el fin del sistema y todo lo que esto implica.

 

Fragmento del libro Perfiles del Poder. 2008.

Pedro Corzo.




domingo, 31 de enero de 2010

Los Pueblos Cautivos

 

 

La idea era que estuviéramos en esa escuela el mayor tiempo posible para que así los maestros tuvieran más tiempo para inculcarnos las ideas comunistas. Romelia García. Desplazada forzosa a los doce años.

El primer desplazamiento forzoso de campesinos en Cuba, después de la Reconcentración del general español Valeriano Weyler -durante la Guerra de Independencia- que se tiene conocimiento, se produjo en la cordillera de los Órganos, Pinar del Río.
 
Eran en su inmensa mayoría campesinos que vivían en pequeños poblados rurales o en el campo. Militares del régimen de Fidel Castro los habían sacado por la fuerza de sus hogares. Procedían de las zonas de Rancho Mundito, Mil Cumbres, San Diego de Tapia y otras áreas de la provincia más occidental de Cuba.

Estos lugareños fueron desalojados y sus pocos bienes confiscados, incluyendo sus viviendas, conducidos con escolta militar hasta el municipio de San Cristóbal y obligados a construir un poblado que se llamó "Los Pinos".
 
En septiembre de 1960 siendo el comandante Félix Torres jefe de operaciones del Escambray, montañas situadas en el centro de la isla, donde se había desarrollado un fuerte núcleo guerrillero contra el castrismo, el gobierno ordenó el desalojo forzoso de familias de la zona y de áreas rurales de la provincia de Matanzas, teniendo estas personas que abandonar sus viviendas y propiedades.

Meses después se produjeron nuevos desplazamientos forzosos de campesinos para impedir que continuaran apoyando a los insurgentes. Otros centenares de familias fueron deportadas. Sus tierras y propiedades se entregaron a campesinos partidarios del comunismo.
 
En 1963 el gobierno repitió el desplazamiento obligado de campesinos para disminuir el apoyo que recibían los alzados que ya estaban muy diezmados. En esta ocasión cerca de 500 familias fueron separadas por decisión de las autoridades.
 
Las mujeres y los niños quedaron en sus casas y los hombres ubicados en genuinos campos de concentración que controlaba la Seguridad del Estado, como "La Sierrita", "La Campana", y "El Condado", que estaban ubicadas en zonas donde operaban los alzados en armas.

Después de varios meses de reclusión sin haber sido procesados, la mayoría de estos campesinos fueron trasladados para la región de Guane, Pinar del Río, y ubicados en las prisiones Sandino 1, Sandino 2 y Sandino 3.
 
Este proceso criminal intensificó su violencia y en el transcurso de los años 1963 y 1964 fueron miles los prisioneros, entre hombres y mujeres, que integraron estas familias apresadas que mantenían en la zona del Escambray.
 
Un día las autoridades decidieron conducir las mujeres y sus hijos para el reparto Miramar, La Habana, donde fueron ubicadas en casas confiscada a personas que se habían ido del país y que el régimen había convertido en albergues que llegaron a cobijar mas de medio centenar de refugiados cada una. Los hombres permanecían en el extremo occidente la provincia pinareña.
 
En 1966 el régimen ejecutó un nuevo proceso de reubicación de estas familias que tenían órdenes expresas de no regresar a sus lugares de origen. Las familias fueron de nuevo desarraigadas para ser confinadas en Morón Pina, Las Clavellinas, Manimutuabo, entre otras localidades de la antigua provincia de Camagüey. Los hombres que estaban en "Sandino" pudieron entonces reunirse con sus mujeres e hijos en los poblados que les habían sido asignados.
 
En 1971 una vez más fueron expulsadas del Escambray familias campesinas. Mil doscientos hombres que residían en la región montañosa y sus alrededores, fueron conducidos a la fuerza a la Cárcel de Fajardo en San Cristóbal y a las prisiones de Sandino 1, 2, y 3, en Pinar del Río. Esta decisión del gobierno tuvo lugar 5 años después de haber concluido las operaciones militares en la región.
 
Las autoridades declararon públicamente que el desalojo se producía porque los hijos de los que habían colaborado con los alzados no podían convivir con los revolucionarios. La mayoría de los desplazados eran residentes de pequeños pueblos y caseríos del Escambray.
 
Según investigación realizada por el expreso político y sacerdote, Salvador Subirat, el régimen fundó con millares de desplazados a la fuerza al menos 21 pueblos cautivos, entre ellos Briones Montoto, Ramón López Peña, Pina, Las Clavellinas, Miraflores,
 
En 1977 se produjo otro desplazamiento forzoso. Casi doce años después de haber terminado la lucha guerrillera en las montañas del Escambray.

Los familiares de los que había sido deportados años antes fueron conducidos para Pinar del Río, donde sus esposos o parientes masculinos, habían construido precarias viviendas para poder albergar a su prole, de la que habían estado separados por decisión gubernamental desde hacia varios años sin que hubiera mediado un delito o una sanción judicial.
Pedro Corzo
Enero 2010





LAS BRIGADAS JHONSON

 

Este calificativo no identificaba una fuerza especial del gobierno de Estados Unidos, entrenada, preparada y avituallada para actuar contra el régimen cubano. No fue que se gestara durante el gobierno del presidente Lyndon B. Johnson otra expedición contra la dictadura de los Castro, en la que Washington había depositado tanta confianza que la había identificado con el nombre de quien presidía la nación en aquel momento.

Las Brigadas Johnson, no fueron otro producto de la Guerra Fría,  y menos aun una consecuencia del diferendo que existe entre Estados Unidos y Cuba desde hace más de medio siglo, fue una decisión del régimen cubano que se corresponde plenamente con la violación sistemática y permanente de los derechos de sus ciudadanos.

En 1965 en una de sus acostumbradas provocaciones, pero que confirmaba que era el amo y señor de Cuba,  Fidel Castro dijo que abriría un pequeño puerto pesquero en el norte de la provincia de Matanzas que recibiría embarcaciones en las que podrían salir los cubanos que así lo desearan. El reto fue aceptado y en menos de una semana una doscientas embarcaciones anclaban en Camarioca  para recoger a los cubanos que desesperaban por abandonar la isla.

El festín duro poco más de un mes, al cabo de los cuales Washington y La Habana acordaron un puente aéreo entre Varadero y Miami que sacaba como promedio de la isla unas 3,500 personas mensuales y que cuando concluyó en 1973 había transportado hacia Estados Unidos más de doscientas cincuenta y cinco mil personas.

Aquellos denominados "Vuelos de la Libertad", también conocido como el "Puente Aéreo", fueron paradójicamente la base sobre la que la dictadura estableció las Brigadas Johnson, un sistema de esclavitud que se extendió por años y que violentó los derechos de forma directa o indirecta a cientos de miles de cubanos.

Las Brigadas Johnson estaban integradas por hombres y mujeres solteros, o jefes de familia, que habían expresado su deseo de salir de Cuba y que habían cumplido ante las autoridades los trámites pertinentes. Los familiares que quedaban en las casas perdían sus empleos regulares y padecían en no pocas ocasiones el ostracismo de familias y amigos que no querían ser asociados con un traidor. Hubo muchos que siguieron siendo fieles al amor familiar y a la amistad, pero es imposible negar que el miedo venció y transformó los buenos sentimientos de muchas personas.

Como es conocido el gobierno de los Castro, aun lo hace,  siempre se ha reservado el derecho de conceder o nó la salida a sus ciudadanos, pero también la facultad de imponerles la penalidad que considerara pertinente a los que califica de traidores a la Patria. Una de esas penalidades eran los mítines de repudio, aquellas personas después de años de trabajar como esclavos, el día que les era permitido abandonar el país, sufrían un acto de repudio en el que  decenas de personas agolpadas en la puerta de la casa vejaban, ofendían y en muchos casos agredían de obra a los que partían. Siempre con la anuencia de las autoridades que le permitían a sus partidarios todos los excesos.

Entre aquellos hombres y mujeres -a las brigadas de trabajo integradas por mujeres que esperaban abandonar el país en muchos lugares el pueblos las llamaba las "Brigadas Jacquelin"-  estaba representada toda la sociedad cubana de la época. Profesionales, obreros, campesinos, amas de casa, estudiantes. Eran obligados a trabajar en  faenas ajenas a sus funciones habituales, en su mayoría en labores  agrícolas en jornadas que promediaban 14 o 16 horas diarias.

Estos individuos eran alojados obligatoriamente en barracones que se encontraban en pésimas condiciones sanitarias. Vigilados y controlados a cambio de que le reconocieran el derecho de salir del país, cumplían un castigo que fluctuaba entre los tres y cinco años.

Los alimentos eran pocos y malos. El trabajo duro, pero en cierta medida preparó a aquellas personas para enfrentar las vicisitudes de una vida en una sociedad diferente, con lengua distinta y con grandes posibilidades de no poder, por lo menos por un periodo de tiempo, trabajar en lo que estaban preparados.  Se les concedía un permiso cada trece días de trabajo continuó, Solo entonces les era permitido reunirse con los familiares que no habían sido castigados.

Los que por algún motivo, casi siempre por padecer alguna enfermedad severa o tener una edad avanzada,  no eran enviados a trabajar en el campo, eran asignados a recoger  basura, limpiar  calles o trabajar en los cementerios. No era difícil encontrarse un locutor radial o un abogado  de sepulturero. Los médicos podían ser enviados al campo o simplemente ubicados en algún lugar lejano de su casa y familia,  a realizar funciones para la que estaban sobre calificado.

En el momento de la salida eran confiscados los bienes de todos los miembros de la familia. Autos, casas, muebles, joyas y dinero. Los ahorros bancarios tenían que ser los mismos del día de la presentación de los documentos de salida, si ese dinero no estaba en el banco debía reponerse o la persona no podría abandonar el país. Los autos, si alguien  tenía, se debía entregar en perfectas condiciones. Los varones entre 15 a 26 años no podían dejar el país. No pocos funcionarios y profesionales después de haber estado castigado por años en el momento de la salida  eran informados que se les prohibía ese derecho  porque el gobierno consideraba que eso afectaba la seguridad de la revolución.

Los famosos Vuelos de la Libertad,  fueron costeados en su totalidad por Estados Unidos y cancelados por el régimen de Cuba,  duraron ocho años pero las Brigadas Johnson le sobrevivieron. Muchos meses después de terminados los vuelos,  miles de personas continuaban trabajando en labores ajenas a su profesión y cuando dejaron esas tareas por el convencimiento de que no podrían salir del país,  siguieron estigmatizados y con sus derechos disminuidos en un país que no reconoce los derechos de sus propios partidarios.

 

Pedro Corzo

Enero 2010





lunes, 4 de enero de 2010

El Mundo Nuevo del Castrismo

 

 

Recuerdo que en el ya lejano 1959, en una modesta casa de la ciudad de Santa Clara  nos reunimos un grupo de estudiantes para ofrecerles una fiesta de despedidas a dos amigos que partían hacia Estados Unidos. La mayoría de los jóvenes allí reunidos no considerábamos   el festejo como un acto político porque  en nuestra opinión era simplemente una familia  que se disponía a iniciar una nueva vida.

 

Pero a los pocos minutos más de un centenar de personas nos despertó y abrimos  los ojos ante la nueva realidad que vivía el país. Gritos de gusanos, váyanse todos, ustedes son basura  cargaron el ambiente. De las ofensivas palabras aquella turba enfurecida pasó a la acción y hubo más de una cabeza rota al ritmo que marcaban los también destruidos  instrumentos musicales de la banda que había amenizado el festejo.

 

Con el pasar del tiempo las cosas se complicaron más. No se podía escuchar música americana, Glenn Miller, era pecado mortal. Una casa de donde se escaparan los acordes de Bill Halley y sus Cometas, o de Elvis Presley, era un antro de perdición que tenía que ser exorcizado con el violento actuar del hombre nuevo. Hubo que dejar de celebrar las ya frecuentes despedidas ante la violencia e impunidad con la que actuaban  los titulados Jóvenes Rebeldes, sin embargo  a las turbas divinas no le faltaron cabezas que romper ni pelo que cortar. Su sed justiciera era hábil en descubrir un enemigo de pelo largo o de un vestir que faltase a las perturbadas normas de la nueva sociedad.

 

El tiempo mandó y nuestra generación cumplió  el imperativo de diversas maneras: Clandestinaje y  policía política,  alzamientos y las milicias,  exilio, cárcel y paredón .El país fue sesgado por la guadaña del odio y la intolerancia. Muy pocos pudieron agacharse lo suficiente para no ser advertidos. Eran los tiempos sagrados de "Con la Revolución todo, Contra la Revoluciona nada." No había medias tintas, asumían el papel de Torquemada o Savaranola. Sin remordimientos. Profilácticamente. El que se iba era un traidor, el  que conspirara debía ser ejecutado.

 

Así fueron marchando las cosas. El egoísmo revolucionario prendió en los conversos y en los oportunistas. Salvo contadas excepciones la mentalidad del  hombre nuevo se hacía eco de la consigna oficial de aislar a los descontentos y aplastar a los contrarrevolucionarios. La unidad familiar sufrió. A mas de uno le escuchamos con pavor  "yo no creo ni en mi madre, si hace contrarrevolución yo mismo la fusilo".

 

La delación asumió características de epidemia. El preso se convertía en una no persona que solo podía ser visitado por sus padres, esposas e hijos. El familiar de un fusilado era un apestado que no merecía ser asistido  porque su pariente había traicionado  la Revolución. Los bienes de los presos eran confiscados. Sus parientes podían ser concentrados en áreas inhóspitas y remotas  con la misión de colonizar esas regiones.

 

Desde la aurora revolucionaria el término antisocial se  uso para  identificar a las personas desafectas a la Revolución. El calificativo era suficiente para que un individuo fuese purgado y separados de sus familiares y amigos, como si padeciera una enfermedad contagiosa. Primero el Servicio Militar Obligatorio, mas tarde  la Unidad Militar de Ayuda a la Producción, UMAP,  simultáneamente las Brigadas Jhonson  o las Jacqueline, donde según el caso ubicaban a las personas que se suponía eran contrarias al proceso, o habían presentado documentos para abandonar el país.

 

Las cartas que provenían del extranjero no eran contestadas. Un familiar fuera del país era un lastre en el justo empeño de hacer carrera en la Revolución. Eran tiempos en que las convicciones o la vileza, según el caso,  primaban sobre los sentimientos. Tener una creencia religiosa o estar asociado a alguna organización fraternal convertía al individuo en desafecto de la Revolución y de ahí al infierno, el camino era muy corto.

Han  transcurrido cincuenta y un años del castrismo en el poder. La herencia del totalitarismo es sumamente dolorosa. Primero robó la esperanza de un futuro mejor de una parte considerable de la población, mas tarde ejecutó, encarceló y obligó al exilio  a un número importante de ciudadanos. Después subvirtió el orden político hemisférico causando más muertes y conflictos. Envió a miles de sus partidarios a la muerte para satisfacer su voluntad imperial, destruyo la economía  del país, pero el daño mas devastador se ha producido en los valores mores y espirituales de la nación en su conjunto.

Nuestro ser nacional ha quedado profundamente afectado y la recuperación va a demandar el mayor de los esfuerzos, mucha solidaridad y comprensión. La tarea será ardua, difícil, pero no queda otra alternativa que aceptar el reto y andar juntos con nuestras respectivas culpas y errores si queremos reconstruir una Cuba en la que todos tengamos el espacio que podamos merecer.

Pedro Corzo





viernes, 1 de enero de 2010

DE LA TRICONTINENTAL AL ALBA

Las pretensiones de Hugo Chávez y Fidel Castro, a pesar de los fracasos que por décadas el dictador cubano cosechó en su proyecto imperialista  de instaurar regimenes despóticos con sustentación ideológica en el continente americano, se mantiene vigente. Las estrategias han sido remozadas, adecuadas a los tiempos. Los  colores y discursos corresponden al Siglo XXI, pero  los fines son los mismos  que impulsaron a José Stalin y Adolfo Hitler.

 

La Primera Conferencia Tri continental de los Pueblos de Asia, África  y América  Latina que se celebró en La Habana en enero de 1966, reunió a mas de 70 países con unos 500 delegados que representaban en su mayoría partidos políticos, movimientos violentos que actuaban en la clandestinidad, grupos guerrilleros y unos pocos gobiernos que usaban el discurso de la justicia social para exterminar los derechos sociales y políticos de sus ciudadanos.

 

De este encuentro de organizaciones que se oponían claramente al capitalismo y a la democracia representativa, que en su mayoría estaban identificados con alguna modalidad del pensamiento marxista surgió la Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina, OSPAAAL.

 

El principal arquitecto de aquel encuentro y su mayor beneficiario fue Fidel Castro, aunque en la organización de un evento que no tenía precedentes en este continente, participó de manera notable Mehdi Ben Barka, un dirigente marroquí asesinado en París un mes antes del encuentro en La Habana,  en condiciones nunca esclarecidas.

 

Los objetivos de los promotores de la Conferencia eran entre otros prestar ayuda a los denominados movimientos de liberación nacional, con particular énfasis en el movimiento palestino, incrementar la lucha armada en los tres continentes, prestar un irrestricto apoyo al régimen cubano, entre otras causas, porque era el principal santuario y patrocinador del Movimiento. El plan incluía luchar contra las bases militares extranjeras y la política de segregación racial.

 

Una de las muchas propuestas de la Conferencia que mostraba la imposibilidad de conciliar el discurso con las acciones, fue el hecho de que mientras se condenaba el uso de la armas nucleares, el país sede de la reunión, Cuba, cuatro años antes había sido el principal promotor de que la Unión Soviética instalara por primera vez armas nucleares en un país del tercer mundo.

 
En realidad los organizadores pretendían imponer en sus respectivos países un estado autoritario identificado con una ideología común. Proceder en nombre de la nación, actuar en nombre del pueblo, era la forma más productiva para imponer un populismo de Estado a perpetuidad.
 
Según los artífices de la Conferencia el proyecto no estaba influencia- do por los soviéticos, a la vez que afirmaban que tampoco respondía al maoísmo. Decían que pretendían actuar con autonomía y buscar puntos de  cooperación y equilibrio entre Moscú y Pekín.
 
Ben Barka, diez meses antes de la conferencia en La Habana, declaró durante un encuentro preparatorio "las dos corrientes de la revolución mundial estarán allí representadas: la corriente surgida con la Revolución de Octubre y la de la Revolución Nacional Liberadora". El modelo de la titulada revolución nacionalista era Cuba y el arquetipo del líder de ese tipo de proceso eran individuos como Fidel Castro. 
 
Cuarenta y tres años después, La Habana vuelve a ser sede de un foro que con estrategias diferentes y menos pretensiones persigue los mismos objetivos que la Tri continental: instaurar regimenes contrarios a la democracia y a los derechos humanos.
 
La  VIII Cumbre de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra America, es otro engendro castro chavista  que busca la desestabilización y la toma del poder con formulas que no son  nuevas pero que han sido remozadas tomando como fundamento el fracaso de las estrategias del pasado.
 
En los encuentros de la Tricontinental no se trataban temas como el comercio, no se abordaban proyectos económicos ni se discutían planes sociales de cooperación. En aquellos encuentros se era más claro y preciso, se hablaba y discutían los objetivos,  no es que dijeran toda la verdad pero eran sinceros en exhortar a la toma del poder para imponer la dictadura del proletariado.
 
El indigenismo ha sustituido en gran medida la lucha de clase, la violencia guerrillera o terrorista ha sido relevada por el caos y la desestabilización que generan  manifestaciones publicas que practican una violencia de intensidad variable que puede acentuarse o disminuir según los progresos del proyecto.
 
Una de las estrategias del presente, facilitada por los multimillonarios ingresos petroleros de Venezuela, es satisfacer las necesidades de países en problemas y por medio de la satisfacción de éstas concertar alianzas internacionales que apoyen el proyecto del Eje Totalitario.
 
Contar con un bloque de naciones comprometidas y agradecidas, en realidad dependientes de las regalías del chavismo, le facilitan al déspota venezolano y por extensión al cubano, una herramienta política poderosa para usar en los encuentros internacionales. Una clientela política lista a complacer a su mecenas en foros como Naciones Unidas o la Organización de Estados Americanos, neutraliza en gran medida los ataques que puedan provenir de los factores nacionales e internacionales que afectan las gestiones del Gran Protector, que al fin de cuentas es quien llena la despensa de quienes les defienden. En otras palabras los petrodólares de Hugo Chávez han sido mas efectivos que las promesas de construir el Hombre Nuevo que en su momento los gatilleros del castrismo difundieron por el mundo.

Ya no se trata de llegar al poder por medio de la insurrección, cuyo uso no esta descartado por principios, sino por conveniencia. El método actual es provocar la anarquía. Programar el caos, la desestabilización social para dar oportunidad a que surjan salvadores que ofrezcan tranquilidad al pueblo y seguridad a la clase dirigente, que con el tiempo, pero tarde, se percatara que fue usada para la toma del poder pero que son prescindibles en la práctica del mismo.

 
El desconcierto del pueblo y la clase dirigente facilita el acceso de un líder que aparentara gobernar en comunión con el resto de los poderes públicos y que respetara aquellas libertades que no afecten su autoridad. Un Cesar que gusta de elecciones controladas, de leyes hechas a su voluntad y del baño de la multitud que respalda su proyecto. En fin, un Chávez.
 
Pedro Corzo
Diciembre  2009

 





domingo, 27 de diciembre de 2009

Reflexiones sobre los Dictadores

 

 

 

Es posible que muchos se pregunten,  que es un dictador, que factores definen a un gobernante con un calificativo que deshonra y por qué hay pueblos que soportan dictaduras cuando otros nunca las han padecidos.

 

También es razonable indagar por que un dictador disfruta de apoyo popular y lo que es mas alarmante todavía; por que causas un mandatario que accedió al poder violentando la institucionalidad puede conquistar de nuevo el gobierno con el apoyo electoral de una mayoría ciudadana.

 

Sin duda son preguntas complejas que probablemente no tengan respuestas precisas, pero si es evidente que hay culturas que tienen una fuerte propensión al gobierno fuerte, el liderazgo indiscutido, a la aceptación de una autoridad que asuma responsabilidades que aparentemente la mayoría ciudadana prefiere evadir.

 

Por supuesto que no todos los dictadores son iguales en propósitos y métodos y aunque entre ellos hay diferencias existen factores comunes que les identifican sin que importe la época, cultura, geografía, educación, ciudadana e ideología, si es que el dictador en cuestión se considera abanderado de alguna.

 

Dictador, puede ser quien asume por decisión propia o por delegación una autoridad ilimitada que no esta sujeta a cuestionamiento. El poder que detenta no esta en discusión ni es sujeto de debate. El dictador es figura y genio de un propósito de gobierno cualquiera que este sea.

 

Los dictadores no admiten retos a su autoridad pero no todos responden a los desafíos con igual brutalidad ni soportan con igual entereza las presiones de que son objetos por parte de la oposición.

 

El dictador se identifica más por su carácter que por el hecho de ocupar un poder político, religioso o económico. El dictador demuestra un profundo desprecio por la opinión ajena. Ignora el derecho que asiste a los que les rivalizan. El dictador es intolerante, sectario, y hasta paternalista en sus abusos.

 

El dictador gusta del elogio, de la adulación, de la sumisión a su voluntad. Disfruta de la historia y por lo regular esta convencido que con sus acciones esta escribiendo los capítulos más gloriosos de la misma.

 

Para el dictador envilecer a los que le apoyan, a los que se le oponen y hasta a los indiferentes es un mandato que garantiza su perpetuidad. El envilecimiento ciudadano es su carta de triunfo y eso lo logra con los premios y castigos que dispensa al capricho de su voluntad.

 

Los dictadores son taimados, inescrupulosos, vendedores de promesas y hacedores de castillos en el ai5re pero muy en particular, desconfiados, porque para ellos la lealtad es proporcional a los privilegios que otorgan.

 

Creen en los comentarios sin fundamentos y en ocasiones ellos mismos los promueven. El dictador es un mentiroso con talento, un hombre que conoce la gente que gobierna, que sabe de debilidades y grandezas. Cuenta  con un aguzado sentido del que hacer en los momentos de crisis porque conoce mejor que ningún otro conductor, que su poder se asienta  tanto en  su capacidad de  evaluar el entorno, como en lo oportuno de sus decisiones y en las contradicciones de quienes se le oponen.

 

El dictador no es un cobarde por naturaleza como algunos gustan calificar. Puede ser un miserable pero su valor personal puede estar por encima del promedio del de sus conciudadanos. No es atinado confundir en un dictador la cobardía con su sentido de la prudencia o la perdida de la motivación para gobernar. Los dictadores son victimarios por naturaleza, pero eso no implica que sean pusilánimes ni cobardes.

 

El valor personal de muchos dictadores es incuestionable porque la mayoría de ellos acceden al gobierno gracias a su disposición a correr riesgos, por su audacia y temeridad.

Las motivaciones que sostienen e impulsan a los dictadores pueden ser múltiples y complejas y responden a varios patrones por lo que a pesar de posibles semejanzas en la forma de dispensar su autoridad y ejercer el liderazgo, las diferencias entre ellos son fácilmente apreciables por un observador aplicado.

 

Hay dictadores sumamente carismáticos, verdaderos seductores de masas e individuos. Personajes que poseen una capacidad excepcional en atribuirse los éxitos y distribuir las culpas. Son individuos agradables, obsequiosos y comprensivos cuando las circunstancias lo requieren. Con tales habilidades para intimar que su interlocutor puede llegar a creer que el dictador esta bajo la influencia de su ingenio.

 

Este tipo de dictador es extremadamente peligroso por que su mesianismo es contagioso, y su afán de redención afecta la roca más insignificante de su reino. Ellos pueden dividir la sociedad y llevarlas a puntos de confrontación tan agudos que la comunidad puede llegar a resentir sus valores más trascendentes y abarcadores.

 

Bajo estos líderes los pueblos sufren metamorfosis alienantes. El rebaño es objeto de la voluntad de su conductor pero se cree sujeto en la personalidad de este. El individuo se hace infinitesimal ante el ardor de quien maneja sus miedos, frustraciones, aberraciones y sueños. Estos líderes son como los agujeros negros del cosmos, tienen tal capacidad de atracción que consumen  todas las luces e individualidades que le rodean.

 

Dichos líderes pueden estar inspirados por una especie de religiosidad. Se consideran elegidos e infalibles y cuando tienen el sostén de una ideología su capacidad de contaminación y destrucción se acrecientan. Crean una mística en su entorno y tienen la capacidad de generar sentimientos transcendentes en sus propuestas y hacer creer a sus seguidores en la constitución de un nuevo mundo y de un hombre diferente. Estos personajes por lo regular acceden al poder por medio de un proceso insurreccional, o a través de gestas populares que favorecen una especie de sacralización laica.

 

Pero también hay dictadores de naturaleza burocrática y aunque estos pueden responder a una casta u oligarquía y disfrutar de un poder omnímodo, rara vez llegan a disfrutar de la simpatía y el apoyo popular.

 

Estos dictadores son eficientes en controlar la maquinaria del poder y son tan trabajadores y crueles como requieran las circunstancias. Detentan  el poder por su indiscutible capacidad para intimar y privilegiar al mismo tiempo.

 

En ocasiones este tipo de hombre fuerte hereda el mando ya sea por designación o por vencer en  luchas internas  por el poder; y no pocas veces su autoridad  es balanceada con la existencia de una contraparte que es quien en realidad designa a quien ostenta el liderazgo.

 

Por supuesto que hay dictadores de opereta. Individuos que han llegado al máximo liderazgo prácticamente sin proponérselo. Estos pueden ser tan crueles como el más iluminado de los líderes, pero son fácilmente influenciables, y sus propósitos pueden ser modificados sustancial y regularmente.

 

Hay dictadores que a través de las instituciones del estado instauran  un férreo control sobre las actividades públicas. Ellos controlan las Asambleas Legislativas  y los Poderes Judiciales a través de sinecuras,  y violencias de terceros si las condiciones lo demandan.

 

Este tipo de dictador gusta de elecciones y hasta permite ciertas libertades de expresión, aunque no cesa de amenazar ese derecho y conculcarlo cuando lo estima pertinente.  Su afán por el poder, a pesar de que lo renueve con el voto popular, le permite ver su cola de cercenador de libertades. Algunos ejemplares de estos dictadores tienen una fuerte propensión a obras materiales faraónicas a través de las cuales espera n perpetuarse.

 

También, y es posible que olvidemos alguna especie de estos vertebrados que causan tanto daño a la humanidad,  existe el dictador capaz de sintetizar todos los atributos antes mencionados, y son los que no solo hacen historia para sus pueblos si no que como Supernovas aberradas irradian oscuridad durante siglos en la historia Universal.

 

Pedro Corzo

Diciembre 2009