lunes, 27 de septiembre de 2010

CHAVEZ, ¡ESE HOMBRE ESTA LOCO!

 

Es de suponer que cuando Hugo Chávez supo que Castro había dicho que el modelo cubano estaba en bancarrota debió haber gritado ¡Ese hombre esta loco!, porque  en realidad el Máximo le serruchó el piso al comandante como  se dice en Venezuela, en una palabra, lo dejó sin escaleras, colgado de la brocha.

El mandatario venezolano, que enfrenta elecciones este mes, la ha prometido a sus nacionales el mar de la felicidad cubano, un arquetipo de desarrollo que el propio Castro ha dicho que ya no  puede ser navegado ni por los propios isleños.

Cierto que el viejo dictador no perdió tiempo e intentó rectificar, pero el tiro le salio por la culata porque el periodista Jeffrey Goldberg y la académica Julia Sweig, no se dejaron intimidar por el comandante y ratificaron que Castro había dicho "el modelo cubano no funciona ni siquiera para nosotros".

Las declaraciones de Castro le dieron la vuelta al mundo porque era el reconocimiento explicito de un fracaso de mas de cinco décadas que a sangre y fuego se trató de exportar e imponer en otros países, y que por su cumplimiento un sector del pueblo de Cuba se sacrificó y la otra parte fue sacrificada.

Lo dicho por Castro no fue reproducido en la isla por los medios nacionales. Paradójicamente el censor había sido censurado y los que en Cuba  se enteraron de sus manifestaciones, fueron los que escuchan la radio extranjera o tienen acceso a publicaciones de igual origen.

Sus confesiones no eran políticamente correctas, así que  la población conoció la rectificación de Fidel Castro cuando fue publicada en Granma y Juventud Rebelde, que por dos días ignoraron  lo que había dicho a la revista The Atlantic.

 Los  titulares de los libelos del régimen, una vez más acusaron de sus errores y desgracias al mundo exterior. Ambos medios informativos titulaban que Fidel Castro de nuevo había tenido que enfrentarse a la manipulación mediática y al aparato publicitario del imperialismo que había intentado tergiversar sus respuestas.

Ahora bien no debemos engañarnos y en honor a la verdad hay una parte del modelo castrista que le ha  sido extremadamente exitosa a sus promotores y es la que sin dudas Hugo Chávez ansia instaurar en Venezuela,  y es la que esta relacionado con el control político que el poder central ejerce sobre toda la sociedad.

Hugo Chávez a quien muchos de sus rivales y enemigos subestiman, ha ido imponiendo de manera escalonada y selectiva los aspectos del modelo político cubano que le posibiliten conservar el poder.

Chávez y sus asesores cubanos y los que no lo son, están consciente que los tiempos han cambiado. La prisa, y así se dice en Venezuela, solo deja cansancio, por lo que el mandatario va lento pero aplastante en el oficio de imponer una formula política que adecua las normas cubanas a su país y la época.

No se impone la censura, no se confiscan los medios. Se quitan las concesiones, se persigue y acosan a los periodistas y propietarios de medio, se les obliga al exilio para no ir a prisión, se niegan pautas publicitarias y se crean numerosos medios de prensa oficiales. El plan es la asfixia lenta hasta su extinción, el resultado final es el mismo de Cuba, la censura total.

No se persigue a los ricos por serlos sino por ser independientes. Chávez ha creado una clase denominada la boli burguesía, partidarios suyos con capacidad empresarial que se han enriquecido vertiginosamente y que reciben todos los privilegios que un estado centralizado puede conceder.

La distribución de los bienes, de las riquezas pasa a ser potestad del estado. El control de la moneda, del comercio exterior y hasta del abastecimiento del país es una función que se politiza y pasa al rango de que quién asuma el modelo recibe la zanahoria, y el que lo enfrenté el garrote.

La sociedad civil aunque sigue firme en su empeño de no dejarse aplastar, es acosada y cada día más limitada en el ejercicio de sus libertades, porque enfrenta organismos paralelos de claro carácter gubernamental que practican la violencia sin que reciban por parte de las autoridades las sanciones pertinentes.

La educación es un objetivo fundamental. Demonizar, cuestionar y ahogar la educación privada es un objetivo no menos importante que destruir los valores que promueve la Iglesia, lo que hace necesario atacar a los conductores de ésta.

Los partidos políticos no han sido prohibidos y todavía se producen comicios plurales, pero los controles de la maquinaria electoral están en sus manos, incluyendo la cedulación y el Consejo Nacional Electoral. Cientos de miles extranjeros, incluyendo miles de cubanos, tienen cédulas para votar en los comicios.

Las elecciones existen, pero solo un milagro puede hacer posible que la oposición triunfe. Se necesita una participación masiva para que se respete la voluntad popular.

Las pautas que determinan el delito político se hacen tan amplias que se empieza a condenar por pensar, el denominado crimental de George Orwel. Se montan conspiraciones y atentados, incluyendo magnicidios,  que sirve como pretextos para encarcelar y perseguir como ha sido el caso del ingeniero Alejandro Peña Esclusa, y otros muchos más, que se encuentra en prisión por pensar libremente y reclamar respeto a sus derechos.




jueves, 16 de septiembre de 2010

Una Provocación Anunciada

 

La dictadura cubana siempre se ha nutrido de las crisis que genera,  o aquellas que por sus actuaciones provoca. El régimen no soporta una gráfica plana, sin accidentes. Una de las características del gobierno de La Habana es su agresividad. Los Castro no acostumbran a reaccionar sino a provocar a enemigos y adversarios. Estar a la ofensiva les ha sido altamente productivo, y no tienen porque cambiar la estrategia.

Para las autoridades de la isla es fundamental una acción protagónica en el ejercicio del gobierno, una constante  irregularidad, un acontecer que interrumpa la rutina para así evitar el acomodamiento o anquilosamiento de los factores que sostienen la estructura de mando.

Las crisis atemorizan a la nomenclatura. Impide veleidades que agudicen diferencias, y lo que sería nefasto,  una fractura del poder que conduciría inevitablemente al fin de lo que han construido por mas de cinco décadas y que  ha beneficiado solo a quienes detentan el poder.

Recordemos que en pleno proceso insurreccional el liderazgo de la revolución seleccionó el contrario sobre el cual iba a desarrollar una estrategia de sobrevivencia. Estados Unidos fue el elegido,  pero se aprecia a través de los años que no es el único. Todos los que no acaten sus mandatos y rechacen sus felonías, son enemigos a los que hay que destruir.

La muerte de Orlando Zapata Tamayo les ha robado la iniciativa y la ofensiva. Políticos, intelectuales y medios informativos en un número importante están actuando en contra de la dictadura. Las críticas son serias, firmes y no cesan. Dirigentes políticos de relevancia internacional, medios de prensa determinantes en la generación de la opinión pública y gobiernos que se han  balanceado entre la complicidad y el silencio,  han quebrado lanzas en su contra y demandan el fin de un sistema que niega todos los derechos.

La impunidad se les acaba y es de esperar que contraataquen con todos los medios que estimen conveniente. Tengamos presentes que el castrismo no busca dejar fuera de combate al contrario, sino eliminarlo de una vez por todas.

Un editorial del periódico Granma reseñaba "Arman alharaca también alrededor de las autodenominadas Damas de Blanco, quienes se prestan al juego enemigo y se sustentan con dólares salpicados de sangre cubana……………. cuya única sanción hasta hoy ha sido el repudio contundente y enérgico de nuestro pueblo en las calles". Sigue el editorial convocando a una marcha para el primero de Mayo donde "recibirán de nuestro pueblo y sus trabajadores una contundente e inequívoca respuesta del apoyo a la Revolución………..Más de medio siglo de combate permanente ha enseñado a nuestro pueblo que la vacilación es sinónimo de derrota".

El castrismo está consciente que no puede ceder un ápice por lo que  advierte a sus opositores, y los que están en el poder, pero imaginan  distanciarse de la ortodoxia castrista, que está dispuesto a luchar y pelear a como de lugar por sus intereses. La violencia no es para la dictadura un último recurso. Dosifican la violencia  y pueden fingir que parte de la cólera de un pueblo enfurecido.

Por otra parte, el régimen sabe que la oposición interna y externa cuenta con un amplio respaldo porque favorece un proceso pacifico hacia la democracia, sus métodos se rigen por la no violencia y la lucha cívica,  a pesar de las agresiones de que son objetos.

Un acto violento de opositores o disidentes le restaría simpatía y el apoyo con que cuentan, y provocar un acontecimiento así no es ajeno al cuantioso arsenal de tácticas de confrontación de la dictadura. Sería el pretexto ideal para una noche de San Bartolomé, como advirtiera el mismo periódico Granma cuando el incendio autoprovocado en el círculo infantil Le Van Than en La Habana, mayo de 1980.

Aquellos fueron los días de la embajada del Perú y los del  Mariel. El país estaba sacudido. Fueron tiempos de crisis en los que cualquier cosa podía ocurrir y un mensaje duro para los que pudieran querer pescar en río revuelto era conveniente.

Hoy los días son más duros  y si el maestro de los Castro, Adolfo Hitler, justificó la agresión a Polonia, con el simulado ataque a la emisora de Gliwitz, no es de dudar que sus aventajados discípulos, generen una acción en Cuba o en el exterior, que desacredite la imagen y propuestas de sus enemigos.

 

Pedro Corzo





El Silencio de los Cordero y el aullido de los Lobos

 

La muerte de Orlando Zapata Tamayo, los abusos a las Damas de Blanco y su grupo de apoyo, el posterior acoso a Reina Luisa Tamayo, madre del ultimo mártir del totalitarismo insular, es una infamia que se viene repitiendo desde los primeros días de enero de 1959, porque para el régimen y sus partidarios las calles son de Fidel y las cárceles y la muerte  para los opositores.

El castrismo y sus métodos han sobrevivido en parte por la debilidad moral de un amplio sector de la sociedad. Una mayoría silenciosa que aunque consciente de lo injusto y el fracaso del proyecto, acata sus mandatos o finge aceptarlos.

Entre ellos se encuentran los que prefieren no ver ni escuchar. Los que cumplen el oficio de sordos y ciegos. No importa lo que suceda en la casa vecina, lo que le ocurrió al amigo de la infancia, al compañero de trabajo o al familiar. Pueden no actuar en su contra, hasta compadecerse, pero se distancian con un lapidario "se lo buscó".

Pero no hay dudas que la columna vertebral del despotismo insular son las fuerzas armadas. Los cuerpos armados sirvieron en las guerras mercenarias, exportaron la subversión imperialista que patrocinó el castrismo por décadas y en su momento sustituyeron a las elites del ministerio del Interior, que en la opinión de muchos era el principal  sostén del régimen.  Ambas fuerzas siempre se han complementado y el resultado han sido décadas de terror, miseria y opresión.

De esta ecuación no se pueden excluir los funcionarios. Los que implementan las políticas administrativas del gobierno, estructuran las relaciones internacionales en base al chantaje y el soborno, y la nomenclatura intelectual que  arropa con talento asalariado las acciones más vergonzosas de la jerarquía. Entre estos últimos se destacan los que integran el aparato de propaganda del régimen, periodistas, escritores y artistas, que con sus inventivas confunden e intimidan a una parte de la población y desinforman al mundo exterior.

También están los cómplices con rostros, los que respaldan la dictadura a sangre y fuego. Hacen el trabajo sucio. Atemorizan, usan la violencia. Represores de oficio. Esbirros de corazón. Imparten las órdenes e interpretan a la perfección la voluntad de sus superiores,  y si estas no llegan a tiempo, no dudan en aplicar la fuerza para la que están entrenados. Morder, desgarrar, es su vocación de fe.

 

Pero lo que más repercute en el control absoluto de la sociedad cubana por su capacidad de intimidación, son las turbas divinas de la opresión. Sin ser un pilar fundamental amedrentan a los ciudadanos y ejercen influencia en la opinión pública mundial.  Ellos han asumido la doble moral como práctica de vida. En esa sumisión activa gritan, predican, vejan y hasta matan para lograr sobrevivir sin rasguño alguno la opresión que también les agobia continuando así  una existencia de corral que  les equipara a carneros, pero con colmillos de lobos.

Esos cómplices anónimos, esa multitud sin identidad que cambia de sujetos según las circunstancias, la localidad y el tiempo, pero que siempre esta dispuesta a aplastar y destruir a todo aquel que defiende su derechos de vivir a su manera y de rendirle culto y obra a sus convicciones, son quienes visten al régimen con una legitimidad que no es genuina porque es consecuencia del miedo colectivo, de un oportunismo ramplón que concluye que es mejor ser victimario que victima. Aguantar a cualquier precio es su consigna y aquellos que no lo hagan deben ser execrados porque rompen el equilibrio del sometimiento.

Esa masa anónima, de número variable, de rostros comunes, con el compromiso de hacer miserable la vida de los otros, es la carne, músculo y hueso del totalitarismo. Ellos son mas importantes para la imagen pública del régimen que el burócrata que administra, que los oficiales que comandan las tropas, coordinan la represión o dirigen una prisión. Sin ellos  no estarían Fidel y Raúl Castro, Ramiro Valdés o Ramón Machado Ventura.  Esa masa mezquina mata física y moralmente. Para ellos no hay fronteras en el abuso. Esa es la principal herencia del totalitarismo cubano.

 





El revisionismo Fidelista

 

EL REVISIONISMO  FIDELISTA

 

 

El modelo castrista, para identificar lo que Fidel Castro denomina como modelo cubano, siempre fue un fracaso. Nunca existió un modelo cubano, la economía de la isla con mínimas variantes siempre fue un clon de la soviética, la estructura política y militar se adecuó a la de la Madre Patria Socialista, al extremo que la propia constitución de 1976, aludía el compromiso de Cuba con la extinta Unión Soviética.

 

Castro apunta lo del fracaso, lo que desmintió posteriormente, como si el proyecto se hubiera desplomado por causas ajenas a la incapacidad  de los arquitectos. No admite errores de parte de los constructores. No hay arrepentimiento y menos aun reconocimientos de culpa. Simplemente acepta de manera festinada el fracaso del modelo pero sin asumir responsabilidades, como si sus acciones  en Cuba y otros muchos lugares del mundo no hubieran concluido en tragedias.

 

 No obstante si sus palabras pudieran ser escuchadas por los que defendieron con la vida el totalitarismo castrista y mataron para imponerlo, el revolcón alcanzaría el  grado diez en la escala Richter. Su afirmación deja sin fundamentos a todos los que han apoyado y promovido su proyecto, en particular a Hugo Chávez.

 

 El asesino de Ernesto Guevara debe estar dando gritos en el infierno; Arnaldo Ochoa se ha de estar cuestionando la validez de sus crímenes en Nicaragua, Angola y Etiopia; Manuel Piñeiro Losada, "Barbarrojas", sus esfuerzo por subvertir el continente a sangre y fuego y José Abhrantes se preguntará el por qué de los miles de fusilados, innumerables prisioneros políticos, torturados y desaparecidos que ha padecido el país durante todos estos años.

 

 

 

La voluntad de Castro de imponer "su modelo" en Cuba y su expansión al resto del hemisferio,  fue y continúa siendo costosa para todo el continente.

 

 Desde Turcio Lima, el Frente Farabundo Martí, el ELN colombiano y los Tupamaros uruguayos, solo por referir unos pocos ejemplos,  hasta llegar a Hugo Chávez, Evo Morales y Daniel Ortega, han defendido con violencia extrema el modelo que el dictador cubano impuso en la isla, como la meta fundamental de su quehacer político en sus respectivos países.

 

 Los zares vivos y muertos de la economía cubana también deben haber padecido la misma conmoción.  El Cordón de La Habana, la desecación de la Cienaga de Zapata, los F1 y F2, las fantásticas represas, las vacas enanas, las escuelas en el campo, una infinidad de proyectos fracasados que costaron sangre, sudor y lágrimas, cincuenta y un años después, el máximo líder afirma que no condujeron a ninguna parte.

 

 La economía cubana siempre ha sido dependiente. La isla no ha sido capaz de producir riquezas bajo la administración de los Castro. Los millonarios subsidios soviéticos, la masiva ayuda de Venezuela, los envíos monetarios de los exiliados se han ido por los vertederos del régimen, al igual que los millones de hombres y mujeres que creyeron en el trabajo voluntario, que apedrearon al prójimo, protagonizaron actos de repudio, sirvieron de carceleros y empuñaron fusiles para ejecutar a sus compatriotas.

 

 Los seguidores que le restan al castrismo, y en particular los que se comportaron como depredadores durante años de ceguera, deben estarse cuestionando su conducta.

 

 Ellos le dieron su vida entera, como dice su Zoe Valdez, así que es de suponer se pregunten, si les resta un átomo de cordura después de las manifestaciones de su dios, si valió la pena tanto sacrificio, tanto destruir la vida de los otros,  como han hecho por más de cinco décadas. 

 

La soberbia de Fidel Castro no le permitió ver que la URSS se desplomó a pesar de los cohetes balísticos intercontinentales y que si China comunista ha logrado sobrevivir,  ha sido por que ha impuesto junto al despotismo y ausencia de libertades públicas e individuales, el capitalismo más rapaz.

 

 Es importante destacar que durante la entrevista Fidel Castro no aludió a los derechos ciudadanos conculcados, simplemente fundamentó la invalidez de su modelo de gobierno en el fracaso económico del mismo, no como consecuencia de las limitaciones y derechos impuestos al individuo, lo que deja espacio para considerar, como dijo la analista Julia Sweig, que está dando su aprobación en particular para aquellos que puedan oponerse, a las reformas de carácter económico que debe iniciar Raúl Castro.

 

 De concesiones políticas cero, en ese aspecto los Castro consideran que su modelo ha sido todo un éxito.





domingo, 22 de agosto de 2010

LAS CARAS DE LULA


 

Luis Inacio Lula de Silva,  esta llegando al final de su mandato. Su presidencia ha sido un éxito no solo en lo que respecta al desarrollo interno de Brasil, sino también en la proyección del gigante sudamericano en el escenario mundial.

 

La historia del mandatario brasileño tiene mucho del Príncipe y Mendigo. De limpiabotas, obrero industrial, dirigente sindical,  fundó el Partido de los Trabajadores (PT), 1980,  un grupo compuesto por dirigentes gremiales,  ex guerrilleros,  intelectuales de izquierda y hasta personalidades provenientes de la Teología de la Liberación.

En 1990 junto a Fidel Castro organizó el Foro de Sao Paulo que pretende y lo ha logrado con éxito, reorganizar los partidos políticos y movimientos de la izquierda latinoamericana que habían resultado  muy afectados con el derrumbe del bloque comunista europeo.

El Foro, -es un aparato que  reúne organizaciones democráticas como el Partido de la Revolución Mexicana y el Frente Amplio de Uruguay, dirigentes políticos como Hugo Chávez y Evo Morales, también organizaciones de  narcoguerrilleros y terroristas como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -,  tiene como fin tomar el poder político en todos los países del hemisferio y refundar las naciones en base a los proyectos que auspicien sus dirigentes.

Si la gestión política de Lula da Silva ha sorprendido por una orientación económica que respeta las normas capitalistas, mayor asombro ha causado que con sus credenciales socialistas y en un periodo en el que América sufre una epidemia de reformas constitucionales que legitiman el despotismo electoral haya rechazado, a pesar de contar  con un amplio apoyo popular, la posibilidad de una segunda reelección.

Lula da Silva, sin el histerismo de sus aliados,  ha confrontado con éxito a Estados Unidos, le ha hecho conocer  cuales son sus intereses y que no cejara en su empeño porque estos se concreten. Ha buscado aliado fuera del continente y en los foros internacionales enfatiza sus diferencias con Washington, a la vez que insiste en lograr un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y fortalecer la moneda nacional en detrimento del debilitado dólar. Hasta aquí un nacionalismo valido y respetable.

Pero el  mandatario brasileño tiene dos caras. Ha practicado la política de la manzana, blanco por dentro y rojo por fuera, en lo que respecta a su actitud ante los gobiernos populistas de izquierda que padece el continente. Es totalmente indulgente con sus camaradas del Foro de Sao Paulo,  que no cesan de tomar las medidas necesarias para instaurar dictaduras unipersonales con el misticismo del inexplicable socialismo del Siglo XXI.

Su silencio cómplice  ante los abusos de poder en que ha incurrido Hugo Chávez, los desmanes del presidente boliviano Evo Morales, el despotismo del ecuatoriano Rafael Correa y las manipulaciones de Daniel Ortega en Nicaragua, no se corresponde con la imagen de hombre tolerante y respetuoso de las ideas ajenas, que muestra a los gobiernos de los países mas desarrollados.  Lula solo enfrenta a sus aliados ideológicos, cuando estos afectan los intereses de Brasil, mientras tanto acepta sin protestar  las depredaciones contra los demócratas que en el marco de sus fronteras realizan sus homólogos de la Alianza Bolivariana de Las Américas.

La conducta de Da Silva en relación a Honduras ha sido escandalosa. Otro ejemplo de su doble moral es  su intensa labor personal a favor del ingreso de Cuba al Grupo de Rió y sus esfuerzo porque America Latina instrumente una Posición Común hacia Cuba, pero en este caso absolutamente complaciente. El presidente brasileño que ha viajado a Cuba en varias ocasiones,  nunca se ha interesado en promover una transición a la democracia en la isla. Presente en la memoria está la reunión con los Castro el mismo día de la muerte de Orlando Zapata Tamayo.

Lula ha actuado con extremo cinismo en sus relaciones con los demócratas del continente. Ha estado actuando como el policía "bueno" de la izquierda política del hemisferio, mientras Chávez y comparsa,  cumplen con el rol de "malo", pero que a fin de cuentas todos, Da Silva incluido,  quieren lo mismos: El poder para imponer sus convicciones.




URIBE, SANTOS Y EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

 

 

Juan Manuel Santos asumió la primera magistratura de Colombia, lo que sin dudas es un serio revés para el populismo de izquierda que en los últimos años se ha impuesto en el panorama político latinoamericano.

Cierto que antes de la toma de posesión de Santos,  Roberto Piñera había llegado al Palacio de la Moneda en Chile y Laura Chinchilla, sucedía en Costa Rica a Oscar Arias. Un voto de continuidad como apuntan analistas, similar al que acaba de tener lugar en Colombia.

Santos, el político que interpretó el concepto de la seguridad democrática de Álvaro Uribe, es la representación más genuina de los factores políticos, sociales y económicos que rechazan el modelo que impulsa en el continente el presidente venezolano Hugo Chávez.

El flamante mandatario, quien debe conocer mejor que cualquier otra persona los aciertos y errores de la gestión de Uribe, podría ser la mejor contrafigura del Socialismos del Siglo XXI, si decide proyectar sus ideas y gestiones al hemisferio, contrario a lo que hizo el mandatario saliente durante sus ocho años de gobierno.

Uribe, fue el mejor intérprete de las necesidades que encaraba su país en momentos que asumió el poder. La exaltación del presidente Santos al mandatario saliente, hace justicia a la labor que desempeñó Álvaro Uribe.

Uribe  que asumió la presidencia de Colombia en el 2002, hizo honor a su compromiso de neutralizar o destruir las guerrillas y las agrupaciones paramilitares que habían perdido sus objetivos originales cuando se asociaron al narcotráfico. Demoler esos grupos terroristas ocupó la mayor parte de su tiempo, pero también tuvo la habilidad de mejorar la economía del país y cambiar la imagen que muchos tenían de Colombia.  

Durante su gestión Uribe obtuvo éxitos indiscutibles. Cierto que se pueden encontrar sombras en su legado, pero ha entregado el poder después de ocho años de gobierno con una popularidad del 80 por ciento, cifras sin precedentes en el país, lo que significa que una amplia mayoría de sus  conciudadanos tienen en alta estima su gestión y consideran que cumplió en gran medida las promesas.

Procuró de todas las maneras posibles resolver el conflicto interno y fortalecer la democracia colombiana para lo que no dudó recurrir al apoyo de Washington y bombardear territorio ecuatoriano donde acampaban grupos terroristas de las FARC. También asumió la responsabilidad de enfrentar a Hugo Chávez cuando se percató que este era un aliado de las guerrillas y no un mediador en el conflicto.

Por otra parte demandó apoyo internacional para que los falsos insurgentes fueran calificados de terroristas y exigió el cese de la impunidad con la que operaban en varios países, pero en cambio nunca cuestionó aquellos gobiernos  que violaban los derechos de sus ciudadanos.

Con Chávez tuvo numerosos enfrentamientos que aunque provocados por el venezolano, siempre encontró a Uribe dispuesto a la conciliación, sin que tomara en cuenta los abusos y depredaciones que tenían lugar al otro lado de la frontera. De Cuba, de los hermanos Castro, de una dictadura de cincuenta y un año ni una referencia, a pesar de que en la isla residen terroristas de las FARC y el ELN. Su sentido de solidaridad fue de una sola vía.

A pesar del aislacionismo para evitar crisis que afectaran su proyecto central, siempre fue rechazado en alguna medida por los mandatarios asociados al presidente Chávez, que promueven políticas populistas o abiertamente socialistas. Un ejemplo es que en su segunda toma de posesión, faltaron cinco mandatarios afines al chavismo, el propio presidente Hugo Chávez, el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, el de Bolivia, Evo Morales, el argentino Néstor Kirchner y el uruguayo Tabaré Vázquez.

Santos debe tener presente que los enemigos de la democracia saben concertarse para generar desestabilización y caos. Son conscientes que su proyecto demanda expansión para sobrevivir. Actúan en base a intereses comunes, y a pesar de diferencias y encontronazos, son capaces de actuar con una estrategia de conjunto.

El continente necesita líderes democráticos con una visión integral capaces de resolver problemas domésticos y externos. Santos podría ser un factor clave en lograr la profundización de la democracia en América Latina. El hemisferio necesita líderes capaces de defender su país como lo hizo Álvaro Uribe, pero también que comprendan que la verdadera paz se consigue cuando el vecindario está tranquilo y que un quehacer ajeno a lo que ocurre en el entorno es cometer suicidio





El Legado de Uribe

 

Álvaro Uribe interpretó a cabalidad las necesidades de su país y en consecuencia logró cotas en la seguridad y la economía que no tienen precedentes en la historia reciente de la nación.

El mandatario colombiano llegó al poder con un proyecto que tenia como fundamento la Seguridad Democrática y el  compromiso de acabar con la guerrilla, el narcotráfico y los paramilitares. También prometió mano firme y cero concesiones a los terroristas, independiente del compromiso ideológico que estos proclamaran promover.

Uribe había sido alcalde de Medellín, gobernador de Antioquia y senador de la República. Su militancia en el Partido Liberal no le impidió tener puntos de vistas propios y defenderlos cada vez que lo requerían las circunstancias.

El primer gran fruto de su mandato fue el acuerdo con los paramilitares agrupados en las  Autodefensas Unidas de Colombia, 2003-2006, que dio inició a un proceso de desarme que culminaría en un posterior paso de reincorporación a la vida civil de los paramilitares. Algunos dirigentes fueron a prisión y otros extraditados a Estados Unidos.

Las AUC, surgidas en la década de los 80 fueron responsables de un importante porcentaje de los crímenes que tuvieron lugar en Colombia en los momentos más críticos de la guerra. El sadismo de los paramilitares se igualaba con las de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y del Ejército de Liberación Nacional.

Según el gobierno de Uribe unos 32,000 paramilitares dejaron las armas en el 2006. Otras organizaciones difieren de la cifra oficial planteando que en el mejor de los casos solo 16,000 irregulares se entregaron.

 Un hito en la lucha contra las guerrillas terroristas fue la muerte en territorio ecuatoriano del segundo al mando de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Luis Edgar Devia Silva, alias Raúl Reyes.

Otro golpe fue la muerte del fundador y líder  del grupo de las FARC, Pedro Antonio Marín, también conocido como "Marulanda" o "Tirofijo"; pero sin dudas la acción mas demoledora moral y material para los irregulares fue la Operación Jaque, en la que se logró el rescate de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, tres rehenes estadounidenses, 11 soldados y policías, sin que hubiera que derramar una gota de sangre.

El pragmático presidente Uribe se equivocó cuando decidió comisionar a su homólogo Hugo Chávez como mediador con la FARC, en el asunto de los rehenes. El mandatario debía saber que Chávez esta ideológicamente muy próximo a los subversivos y que favorecería un cambio en el mapa político colombiano.

Pero el presidente Uribe se ha caracterizado por ser un hombre firme en sus conceptos y acciones,  y no vaciló en terminar con la mediación de Chávez.

Sus éxitos en seguridad estuvieron acompañados de otros logros, que aunque menos espectaculares, dejaban también apreciar el deterioro de los insurgentes y lo efectivo de su gobierno.

En la economía también tuvo importantes logros. Las inversiones extranjeras se incrementaron. El comercio se diversificó y se amplió el número de países con los que Colombia sostiene transacciones comerciales y financieras.

Aunque durante su mandato disminuyó el desempleo, el porcentaje siguió siendo elevado y la desigual distribución de las riquezas continuó afectando a la sociedad en general. Según las estadísticas durante los ocho años de su gobierno se redujo la pobreza del 53 por ciento al 46.

El saldo general de su gobierno es positivo. Las condiciones de vida del ciudadano mejoraron. Disminuyeron radicalmente los ataques, secuestros y atentados. Las bajas y arrestos entre las fuerzas guerrilleras se incrementaron, al igual que las deserciones entre las fuerzas terroristas, y  por primera vez los servicios armados de la Republica tomaron la iniciativa en el conflicto.

Uribe dejó la primera magistratura de Colombia en el marco de una  estabilidad que no se había conocido en décadas, al extremo que en su reelección en el 2006 consiguió un apoyo superior al que habían alcanzado en las elecciones de cuatro años antes. 

El sol de de Uribe también tiene manchas. Existen serias denuncias de violación a los derechos humanos bajo sus mandatos. Los denominados "falsos positivos"  en los que militares asesinaban civiles que después informaban habían caído  en combate oscurecen muchos de sus éxitos. Sin embargo en relación a los años anteriores, la situación de los Derechos Humanos ha mejorado en todo el país.

Cierto que Uribe tiene vocación de poder. Reformó la constitución colombiana para un segundo periodo y no vaciló en crear condiciones para que sus partidarios por medio de otra  reforma a la carta magna impulsaran una campaña que le permitiera participar en una segunda reelección, pero cuando se percató que sus propósitos podrían afectar la estabilidad que había alcanzado el país, desistió de sus intenciones.

Este es una aspecto del que se diferencia radicalmente de Hugo Chávez, quien aspira al poder de manera perpetua, aunque para conservarlos tenga que recurrir a la fuerza y violentar las leyes del país. Uribe ha trabajado por la paz dentro y fuera de Colombia, Chávez está dedicado a la generación de conflictos, a la promoción del caos para mantenerse en el poder.

Por otra parte Uribe no proyectó  hacia el exterior las fórmulas que le permitieron en Colombia cosechar éxitos importantes. Hubiera hecho falta que el mandatario, sin aproximarse al hegemonismo de Hugo Chávez o Fidel Castro, se hubiera esforzado por difundir más allá de las fronteras de su país, junto a su proyecto de Seguridad Democrática, otro no menos importante, el de la Solidaridad Democrática, porque no hay paz en casa cuando la de los vecinos arden.

 

Pedro Corzo





lunes, 9 de agosto de 2010

EL REGRESO DEL FARAON

 

 

Cuando en febrero del 2008, Raúl Castro asumió oficialmente los controles del estado dijo que estaba consciente que "Fidel es insustituible" y que sólo el Partido Comunista de Cuba podía ser digno heredero de su hermano.

Dirigiéndose a la Asamblea expresó que consultaría  a Fidel "las decisiones de especial trascendencia para el futuro de la nación", agregó "asumo la responsabilidad que se me encomienda con la convicción de que, como he afirmado muchas veces, el comandante en jefe de la revolución cubana es uno sólo, Fidel, es Fidel".

Castro fue muy cuidadoso al implementar la Sucesión. La condujo desde su propio lecho, aún al borde de la merecida tumba dispuso de la herencia totalitaria y determinó con eficiencia quienes mantendrían la pax castrista en la isla. Su indiscutible talento para imponer su voluntad y sobrevivir entre sus pares, alcanzó la cota más alta cuando dispuso sin la menor disidencia que su hermano fuera el heredero.

Raúl ha hecho su trabajo. La sucesión  ha sido exitosa en lo más importante, la conservación del poder, pero la nación depende cada día más de la ayuda extranjera, el descontento ciudadano esta en punto critico, y la imagen de la Revolución se ha deteriorado por completo, un conjunto de factores que han activado una alarma que ha obligado al Máximo Líder una salida a escena que en su opinión traerá la calma.

El presente difiere sustancialmente de aquel 31 de julio del 2006. El país se ha hundido aun más en la desesperanza. La crisis del modelo político vigente, que nunca satisfizo a la mayoría de la población, ha aumentado. La corrupción se ha extendido en todos los organismos del estado. La crónica ineficiencia y baja productividad se ha acentuado. El régimen esta agotado lo que puede llevar a una juventud que ha perdido la esperanza de un futuro mejor, asumir el protagonismo que le ha sido negado en las ultimas generaciones.

Todos estos factores nutren la lógica conjetura que al interior de la dictadura hay sectores que promueven cambios graduales que les posibiliten mantener un rol decisivo en el país, situación de la que debe estar consciente Raúl y Fidel Castro y que sin dudas no son de su agrado.

Esa realidad es la que ha determinado el que Raúl, las haga o nó,  haya admitido la necesidad de realizar reformas estructurales en la economía y también avanzar en temas sociales que por décadas han sido postergados.

La obcecación de la aristocracia moncadista dirigida por los Castro impidió que en las perennes crisis del totalitarismo cubano se efectuaran reformas claves en el aspecto económico que hubieran hecho posible una mejor vida ciudadana y el fin de una economía parásita, que en el presente es subsidiada por Venezuela y el exilio.

Por supuesto que los imprescindibles cambios políticos no son considerados. Los  moncadistas los rechazan, sentimiento que comparten con la supuesta corriente reformista. Una cosa es liberar presos y otra erradicar la convicción en la nomenclatura de que el pluralismo político, la libertad de expresión y el respeto a los derechos humanos son fundamentos esenciales de la sociedad moderna.

La visión de todo o nada ha puesto al régimen en el despeñadero. La situación, en extremo delicada, puede facturar el sistema, pero también impulsar  una explosión social de graves consecuencias para el país, y en particular para la dirigencia revolucionaria.

 

 El regreso de Fidel Castro cuatro años después de su ausencia y el hecho de que se haya producido en días próximos del aniversario del ataque al cuartel Moncada implica un mensaje que a la vez que se nutre del mito de la Sierra Maestra, sirve para trasmitir la confianza de que si la situación llega a ser  desesperada el Comandante esta de vuelta para llevar la nave a puerto. Fidel es el emblema del totalitarismo insular, el capataz al que hasta ahora ninguno de sus siervos le ha discutido el mando y personificación precisa que todo sigue igual.



Pedro Corzo



sábado, 17 de julio de 2010

Castro regresa a la Sotana


Los últimos acontecimientos que han tenido lugar en Cuba generan más preguntas que respuestas, y las pocas interrogantes que se puedan cerrar son en gran medida resultado de especulaciones sustentadas en alfileres, de ahí el riesgo de pretender actuar como augur en el caso.

 

Si se acepta como axioma que Fidel y Raúl son dinosaurios univitelinos, que para ellos la soberanía personal no es posible,  es difícil comprender el hecho que el periódico Granma hiciera referencia a la huelga de hambre de Guillermo Fariñas, aludiera a la muerte de Orlando Zapata Tamayo y tratara asuntos políticos con los obispos de la iglesia católica cubana.

 

Qué motivó al gobierno de los Castro reunirse con representantes de la Iglesia Católica. En cinco décadas de dictadura el liderazgo de la revolución nunca había sostenido un encuentro con otros cubanos para debatir asuntos de la isla, y menos abordar la situación de los presos políticos, porque oficialmente no existen.

 

Desde la perspectiva de un régimen totalitario dialogar, discutir, negociar es algo que esta fuera de la agenda, por eso cabe cuestionar por qué escogió como interlocutor a un enemigo ideológico  con el que no hay posibilidades de reconciliación.

 

Cierto que la actitud del Obispado cubano durantes estos años de depredación da espacios para acusarlo de colaboración con la dictadura, pero este encuentro trasciende la presente jerarquía de la Iglesia, porque las diferencias filosóficas entre uno y otro  son irreconciliables.

 

La reunión fue con la Iglesia, más que con Jaime Ortega y Alamino, aunque este la haya representado. Más aún, cuando el dictador sustituto decide informar sobre la decisión de excarcelar a un número de prisioneros, nada nuevo en la isla del doctor Castro donde sobran leyes para apresar ciudadanos,  al lado del canciller español estaba sentado el cardenal.

 

Algo sucede que en esta ocasión los presos no le fueron regalados a un dignatario extranjero, como ha ocurrido otras muchas veces. Moratinos hubiera sido un depositario ideal, sin embargo estuvo convoyado por una entidad de valores espirituales opuestos a los del gobierno.

 

Qué pasa en Cuba, sigue la especulación, para que la Iglesia se haya convertido en interlocutor, para que un gobierno que sabe de símbolos se arriesgue a crear más confusión entre sus partidarios. Se fue a bolinas la ideología, nunca existió,  o por sobrevivencia se procura cubrir con nuevas ropas una estructura de poder caduca.   

 

Por décadas el poder desconoció la Iglesia Católica. Para ser más preciso, la aplastó y la puso en la ruta de la extinción,  ahora  procura una alianza contraria a la naturaleza del sistema que, vale agregar, no le aporta bienes materiales.  Es tan necesario el apoyo internacional y precario el equilibrio interno que el castrismo está dispuesto a tomar una vía crucis que le lave el rostro, aunque  incluya la sombra de la cruz.

 

Otra pregunta valida es sí la impertinente insistencia del canciller Moratinos en producir cambios en la política de la Unión Europea hacia Cuba, es consecuencia de que su gobierno tiene conocimientos  que hay una corriente dentro de la nomenclatura insular que favorece los cambios, que ellos quieren apoyar.

 

Tendrá el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero  información privilegiada -recordemos el incidente en La Habana con agentes de los servicios secretos españoles- que esa supuesta corriente disidente en el poder apura por cambios, porque teme que el dogmatismo derrumbe el castillo de horror de los Castro y se queden todos sin "chicha ni limoná".

 

Es evidente que la nación esta quebrantada y el régimen agotado, lo que hace suponer  conflictos de intereses y contradicciones que les aproximan al desastre, pero también es válido averiguar cuanto pesó en la decisión la muerte de Orlando Zapata Tamayo, las caminatas de las Damas de Blanco y la huelga de Guillemo Fariña, entre otros factores que hasta el momento el régimen había ignorado.

 

La generación del Moncada es mala historia, pero sus herederos pueden querer asumir la dote, incluyendo el poder,  por eso no es descabellado considerar la  existencia de un grupo de generales y doctores que favorezca un reajuste que haga más potable un régimen corrupto e inviable.

 

No es asunto de conciencia, sino que aprecian que los controles políticos y económicos asfixian cada día mas toda gestión pública y ellos, preocupados porque sus intereses económicos resulten afectados si la Sucesión se quiebra, están dispuestos a evitar en lo posible una Ruptura que acabaría con todas sus prerrogativas.




Pedro Corzo
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La Tala de los Robles






 



 

 

Fueron pinos, como hubiera dicho José Martí, pero el sacrificio continuado, la entrega a una causa que defendieron hasta el último aliento los transformó  en robles, en símbolos de una resistencia que ha superado toda expectativa e infinidad de vicisitudes.

 

Los robles están cayendo. Hace años que la oscuridad se viene cerniendo sobre un bosque de hombres y mujeres que en los mejores momentos de sus vidas escogieron el camino más difícil,  que como es sabido es el del deber.

 

La guadaña esta haciendo una cruda cosecha de muerte e inexorablemente, según transcurran los días, ya no son años, serán más los que integraran el pasado, aunque los que sobrevivan quieran seguirlos viendo en presente.

Medio siglo de confrontación, tenacidad y perseverancia han impuesto un precio. Nunca imaginaron los que estrenaron la adolescencia en la lucha contra el totalitarismo y que sobrevivieron a sus crueldades, que el proceso iba a ser tan despiadado y cruento. La realidad contrarió sus sueños y esperanzas. No importaron sacrificios ni esfuerzos. El resultado les superó la vida.
La vida la recorrieron conscientes del camino que les correspondían. La adversidad fue vencida por las convicciones. Cierto que tomaron el descanso de la familia, de los hijos y los nietos, pero   nunca dejaron la ruta. Permanecieron comprometidos. No se dejador seducir  por una vida en las que sus obligaciones con la tierra en la que habían nacido no estuvieran presentes.
Las frustraciones y los desencantos no impidieron que continuaran hasta el último suspiro mirando el sol de frente y exigiendo para los demás lo que anhelaban para ellos. Escogieron su destino y la manera de vivir y hasta la de morir en paz consigo mismo, una condición que demanda una entereza moral extrema.
Fue Cronos, mas que la dictadura y sus feroces esbirros quien venció a hombres como Reinaldo "El Chino"  Aquit Manrique, José "Pepe" Fernández Vera o Rigoberto "El Látigo"  Acosta y los muchísimos que le precedieron y los innumerables que seguirán sus pasos.
Reinaldo Aquit estaba hecho de la madera de los heroes y mártires. Coraje para enfrentar cualquier prueba y hasta para pelear con el minotauro. Luchó contra la dictadura y vio morir en el paredón a varios de sus compañeros. Uno de los caídos fue su hermano Diosdado, asesinado en el presidio de Isla de Pinos.
Su rebeldía era inagotable. No importaban los fracasos. En la prisión de Santa Clara intentó fugarse. Años más tarde lo haría con éxitos en la prisión de Isla de Pinos. Estuvo oculto por meses, intento varias veces salir del país hasta que fue traicionado por el embajador de Méjico en Cuba. Regresó a prisión pero no vencido. Enfrentó las represalias. Planto al trabajo forzado.
En el exilio no le ganó el descanso y menos el retiro. Estudió, trabajó. Pararelo a la vida de hogar continuó la lucha por la democracia en Cuba. Constituyó agrupaciones contrarias al castrismo y fue solidario con todos los que asumieron la confrontación como medio para derrocar la dictadura.
Rigoberto Acosta fue un campesino sin estudios,  que  supo defender sus derechos con más coraje que el mejor de los letrados. Enfrentó simulaciones de fusilamientos, cumplió largos años de cárcel y practicó con sus  compañeros de cautiverios una fraternidad ilimitada. La crueldad del enemigo no endureció su alma. Atendía a los amigos enfermos, era capaz de alimentarlos, de  velar sus sueños, y cuidarlos como el más comprometido de los enfermeros.
Al salir de la cárcel en Cuba viajó a Estados Unidos. Se incorporó a la lucha en el exilio. No pensó en las consecuencias, simplemente hizo lo que su deber le imponía porque siempre estuvo dispuesto a pagar el precio.
Su lucha contra el castrocomunismo no se cirscunscribía a Cuba, por lo que no dudó viajar a Nicaragua para con las armas en las manos combatir el sandinocomunismo. Viajó a escondidas, sin ayuda de ningún gobierno y siempre pagó el precio por defender sus ideales.
La primera quebradura del corazón de Rigoberto Acosta tuvó lugar en Nicaragua. En las montañas un compañero resultó herido, se lo cargó a la espalda y subió montañas para bajarlas y volverlas a subir hasta llegar a Costa Rica. Allí le falló por primera vez un corazón que le quedó chico a la grandeza de su alma.
"Pepe" Fernández Vera, fue pionero en la lucha contra el castrismo en las montañas del Escambray. Un conversador infatigable, porfiado hasta agotar a sus rivales. Seguro de si mismo. Firme en sus convicciones. Dotado de una memoria prodigiosa y de una simpatia contagiosa.Su orgullo era haber nacido en Trinidad. Sus "guajiros" no tenían defectos y los alzados del Escambray  eran los hombres más valientes que habían nacido en Cuba.
Compartio con varios de los jefes legendarios  de las guerrillas del Escambray. Fue compañero de los comandantes Osvaldo Ramirez y  Julio Emilio Carretero. Cumplió años de cárcel. Nunca dudo de la causa ni evadió responsabilidades. Sufrio el desplazamiento forzoso. Estuvo en los Pueblos Cautivos. Jamás se dio por vencido y la muerte para derribarlo tuvo que tomarlo por sorpresa.
Muchos robles han caído. Eusebio Peñalver, Mario Chanes de Armas, el infatigable Rolando Borges. Muchos han partido. La muerte les ganó la partida pero no el decoro. ¿Quien será el próximo en partir sin ver a Cuba Libre?


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lunes, 5 de abril de 2010

Silvio, el”Che” de la Trova

 

Silvio Rodríguez ha sido un icono de la revolución cubana, solo comparado a Ernesto Guevara y el propio Fidel Castro. Si se fuera a seleccionar un artista para simbolizar la revolución, nueve de cada diez cubanos dirían sin poner reparos que ese dudoso honor le corresponde a este trovador de notable talento que entregó  su alma al diablo del castrismo.

No cabe dudas que una cercana rival sería Alicia Alonso, pero Silvio por practicar un arte más popular, que llega más directamente al pueblo y en consecuencia se presta a una mayor politización, obtendría la victoria. Otro canta autor notable es Pablo Milanes, el resto de los creadores del castrismo independientemente a su vocación de servicio a la dictadura, han logrado cierto relieve por la conjunción del talento y la inversión política y económica que la dictadura hizo en ellos.

Valdría la pena un día investigar cuanto se ha gastado el castrismo en promover figuras nacionales y extranjeras. Cuantos festivales, libros, conferencias, seminarios, viajes, instituciones culturales de diferentes tipos y conciertos, entre otras actividades, ha auspiciado el estado mecenas cubano que al final de cuentas le cobra bien caro la obediencia a los artistas que distingue. 

Silvio y Pablo Rodríguez han sido parte sustancial de la historia del arte cubanos, pero también de la política, en todos estos años. El talento de uno y el otro  le fue muy útil al castrismo. Fueron los arquetipos de una juventud que se identificaba con el nuevo orden. La irreverencia siempre prudente, como la que se aprecia en ¡Ojala!,  siempre fue excusada.  Ellos le cantaban a la utopia, al hombre nuevo, al nuevo mundo que se forjaría en la isla del doctor Castro.

En los tiempos duros. Cuando la censura se impuso y muchos artistas conocieron el exilio, la cárcel y hasta la muerte por defender sus convicciones,  estos virtuosos de la trova en el mejor de los casos practicaron un silencio cómplice,  o explicito en el caso de Rodríguez,  que aceptó ser diputado a una Asamblea Nacional, que él, mejor que muchos, sabia que no representaba al pueblo.

La ternura de la poesía de ambos y las  melodías de sus composiciones  eran propicias por igual  para un  primer beso, una guardia en una trinchera con el fango hasta el cuello o empuñar el fusil para ejecutar un enemigo. El arte de los dos se prestaba mágicamente para  engalanar la épica revolucionaria, en particular para hacer hervir la sangre a aquellos que están siempre dispuestos a soñar,  aunque para ello haya que matar al cordero.   

La Nueva Trova marcó un hito en la historia de Cuba, y en la del mundo de habla hispana. Silvio y Pablo, por mucho tiempo ambos perdieron el apellido consecuencia de la inmensa simpatía que le profesaban en la isla y fuera de ella, recorrieron el mundo con un mensaje de amor, justicia y paz, mientras en la isla de los dos, esos sentimientos y conceptos estaban ausentes. 

Con el tiempo la figura de los dos trovadores se agotó en el terruño  que les vio nacer. Sus admiradores, que siempre les asociaron al proceso, se percataron que todos envejecían,  pero no de igual manera. Silvio y Pablo se enriquecieron, vestían y viajaban, poseían bienes con los que sus compatriotas no podían soñar y junto a sus antiguos patrocinadores seguían defendiendo un modelo político fracasado que solo había funcionado para quienes detentaban el poder, o para quienes estaban dispuestos, a la sombra de la miserable vida de los otros, brillar hasta el fin de los tiempos.

Silvio Rodríguez, regresando al titulo de estos apuntes, ha sido una especie de Ernesto Guevara  en lo que respecta a la promoción de la cultura del castrismo en el exterior.   

Si el guerrillero argentino-cubano personifica la violencia revolucionaria, el odio como maquina selectiva para matar y es la bandera de aquellos que quieren el cambio sin saber donde les conduce, el talentoso juglar, particularmente en Hispanoamérica, ha sido la figura artística de Cuba que mas identifican con  la revolución, no porque su público lo haya querido, sino porque él se ha prestado a dar la imagen de un artista comprometido con la justicia y la igualdad que supuestamente existen en la isla.

Silvio y Pablo han sido artistas plenamente identificados con la dictadura. El presente es consecuencia del pasado que ellos ayudaron a construir. Lo que ocurre hoy, también sucedió ayer. Los vecinos de  Dachau y Treblinka afirmaban que ellos nunca vieron el humo ni sintieron el olor a carne quemada, pero los campos estaban allí, y lo que ha sucedido en Cuba durante cincuenta y un años ha estado a la vista y los oídos de estos notables trovadores, que a pesar de la sensibilidad que les caracteriza,  no han escuchado el clamor del silencio que aplasta  a sus compatriotas desde hace mucho tiempo.

 

 

 

 








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martes, 30 de marzo de 2010

Los Lobos y Carneros del Castrismo

 

La atrocidades cometidas contra las Damas de Blanco y su grupo de apoyo en La Habana, durante este séptimo aniversario de la Primavera Negra, es una infamia que se viene repitiendo desde los primeros días de enero de 1959, porque para el régimen y sus partidarios las calles son de Fidel y las cárceles y la muerte  para los opositores.

El castrismo y sus métodos han sobrevivido en parte por la debilidad moral de un amplio sector de la sociedad, una mayoría silenciosa que aunque consciente de lo injusto y el fracaso del proyecto, acata sus mandatos o finge aceptarlos.

Entre ellos se encuentran los que prefieren no ver ni escuchar. Los que cumplen el oficio de sordos y ciegos. No importa lo que sucede en la casa vecina, lo que le ocurrió al amigo de la infancia, al compañero de trabajo o al familiar. No actúan en su contra, pueden hasta compadecerse, pero se distancian con un lapidario "se lo buscó".

Pero no hay dudas que la columna vertebral del despotismo insular son sus fuerzas armadas. Los cuerpos armados sirvieron en las guerras mercenarias, exportaron la subversión imperialista que patrocinó el castrismo por décadas y en su momento sustituyeron a las elites del ministerio del Interior, que en la opinión de muchos era el principal  sostén del régimen.  Ambas fuerzas se han complementado y el resultado han sido décadas de terror, miseria y opresión.

De esta ecuación no se pueden excluir los funcionarios. Los que implementan las políticas administrativas del gobierno, estructuran las relaciones internacionales en base al chantaje y el soborno, y la nomenclatura intelectual que  arropa con talento asalariado las acciones más vergonzosas de la jerarquía. Entre estos últimos se destacan los que integran el aparato de propaganda del régimen, periodistas, escritores y artistas, que con sus inventivas confunden e intimidan a una parte de la población y desinforman al mundo exterior.

También están los cómplices con rostros, los que respaldan la dictadura a sangre y fuego. Hacen el trabajo sucio. Atemorizan, usan la violencia. Represores de oficio. Esbirros de corazón. Imparten las órdenes e interpretan a la perfección la voluntad de sus superiores,  y si estas no llegan a tiempo, no dudan en aplicar la fuerza para la que están entrenados. Morder, desgarrar es su vocación de fe.

 

Pero lo que más repercute en el control absoluto de la sociedad cubana, por su capacidad de intimidación, son las turbas divinas de la opresión. Sin ser un pilar fundamental, atemorizan a los ciudadanos y ejercen influencia en la opinión pública mundial.  Ellos han asumido la doble moral como práctica de vida. En esa sumisión activa, gritan, predican, vejan y hasta matan para lograr sobrevivir sin rasguño alguno la opresión que también les agobia, continuando así  una existencia de corral que  les equipara a carneros, pero con colmillos de lobos.

Esos cómplices anónimos, esa multitud sin identidad, que cambia de sujetos según las circunstancias, la localidad y el tiempo, pero que siempre esta dispuesta a aplastar y destruir a todo aquel que defiende su derechos de vivir a su manera y de rendirle culto y obra a sus convicciones, son quienes visten al régimen con una legitimidad que no es genuina porque es consecuencia del miedo colectivo, de un oportunismo ramplón que concluye que es mejor ser victimario que victima. Aguantar a cualquier precio es su consigna, al igual que aquellos que no lo hagan, deben ser execrado porque rompen el equilibrio de la sumisión.

Esa masa anónima, de número variable, de rostros comunes, con el compromiso de hacer miserable la vida de los otros, es la carne, músculo y hueso del totalitarismo. Ellos son mas importantes para la imagen pública del régimen que el burócrata que administra, que los oficiales que comandan las tropas, coordinan la represión o dirigen una prisión. Sin ellos  no estarían Fidel y Raúl Castro, Ramiro Valdés o Ramón Machado Ventura.  Esa masa mezquina mata físyca y moralmente. Para ellos no hay fronteras en el abuso. Esa es la principal herencia del totalitarismo cubano.

 

Pedro Corzo








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